Diario de León

Diálogo y menos represión, claves en la reinserción de jóvenes pandilleros

La experta en resolución de conflictos y candidata al Nobel de la Paz en el 2005, Nelsa Curbelo, trabaja con el colectivo en Guayaquil, donde hay censados 60.000

La presidenta de la organización Ser Paz y experta en pandillas juveniles, Nelsa Curbelo.

La presidenta de la organización Ser Paz y experta en pandillas juveniles, Nelsa Curbelo.

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EMILIA pérez | madrid
León

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Si algo ha marcado la vida de Nelsa Curbelo, experta en resolución de conflictos y candidata al Premio Nobel de la Paz en 2005, ha sido su labor con jóvenes pandilleros en Ecuador, a los que aconseja acercarse con diálogo y no con represión y siendo conscientes de que la sociedad es parte del problema.

«Si no encontramos la manera de dialogar con ellos, lo que está mal es la sociedad, no los jóvenes», ha afirmado Curbelo en Madrid, donde ha participado en el Festival VivAmérica.

En los últimos ocho años, la ONG que dirige, Ser Paz, ha trabajado con entre 5.000 y 6.000 jóvenes de Guayaquil de los alrededor de 60.000 que se estima vinculados a este tipo de pandillas en esa ciudad, una de las más afectadas por este fenómeno.

«Después de cometer muchos errores, nos dedicamos a conocer su cultura urbana», ha asegurado con humildad Curbelo, una de las mayores expertas del mundo en bandas latinas.

Así descubrieron que además de ser muchos, estar «organizados de manera piramidal» y comportarse como si de una guerra se tratara, «defendiendo sus territorios», estos jóvenes también tienen valores, como la lealtad al grupo y un gran nivel organizativo.

Y por lo que apostaron no fue «por sacarlos de los grupos» o ilegalizar esas organizaciones, sino por hacerles ser mejores integrantes de sus agrupaciones: «Lo único que hay que pedirles a los Latin King es que respeten sus leyes y sean mejores Latin King» y a los jefes de las pandillas, «ser mejores jefes».

El primer acercamiento fue a través de la cultura y el fútbol, deporte que se ha mostrado muy útil para educar en la convivencia. Un fútbol que se juega sin árbitros, sino con reglas pactadas entre ellos, que premian con puntos extras, por ejemplo, que sean las mujeres las que metan gol, una sencilla forma de combatir el machismo imperante en estas agrupaciones, y que rebajan la puntuación si los hinchas del equipo insultan a los del contrario.

«Yo pensaba que iba a ser un caos, que se iban a matar, porque son grupos enemistados. Pero ya van por el tercer campeonato y ha sido divino», ha asegurado Curbelo. Incluso ahora, diez pandilleros menores de 18 años, cinco chicas y cinco chicos, han sido seleccionados para representar a Ecuador en un mundial de fútbol callejero.

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