Cornada de lobo | pedro trapiello
¿Mora o monja?
Las cigüeñas siguen haciendo en mi cabeza un nido para que duerma su mito. Admira su estampa de majestad en vuelo tranquilo, nunca agitado o desesperado como tantas aves... sus largos viajes africanos... su título aún vigente de recadera de natalidades... su guapura blanquinegra de pico amarillento y pata colorada... su cercanía intocable... o ese esperarla cada año para que se retrase por san Blas y sea así un año de nieves.
En una de las lagunonas que asedian jardineramente la ciudad de Fez, entre las decenas de cigüeñas que allí había, vimos dos que se nos antojaron eran de Navafría de la Sobarriba... nos dio ese pálpito... ¿por qué no iban a ser?... perfectamente podía tratarse de las que vimos partir de aquí a finales de agosto... eran nuestras cigüeñas, seguro... ¿pero nuestras?... peliaguda cuestión: ¿de qué país son las especies migratorias que dividen su año en dos partes y dos patrias?... nuestras cigüeñas ¿son cazurras o marroquíes?... ¡de dónde nacen!, dirá el simple: leonesas son, pues... ¡de donde pacen!, dirá el biólogo... y aunque una cigüeña jamás lo entendería, digamos que tienen doble nacionalidad de doble querencia.
Sin embargo, hay un aspecto en el que no hemos reparado. Tradicionalmente, para plantar su nido, eligieron las cigüeñas las torres altas de iglesias, conventos o catedrales, aunque ahora las expulse de allí un párroco en celo o un director general. En los poblados de Marruecos eligen también para ello los altos alminares de sus mezquitas, así que la pregunta brota sola: estas cigüeñas nuestras ¿son cristianas o moras?, porque si aquí están empapadas de salmodias, san roques al pie, procesiones, novenas y campanazos de gloria, allí les canta a la mismísima oreja cinco veces al día el muhecín que llama a oraciones... pero aquí las iglesias andan despobladas y con cuatro paisanas en nómina feligresa, mientras que el mezquiteo aquel se abarrota, así que ¿en cuál de los dos dioses creerán estas cigüeñas?...
No te peles la sesera. Podrían tener doble nacionalidad religiosa, pero lo tienen aún más claro: el hambre es su demonio; y el vertedero, su dios, el que hoy las multiplica y las retiene aquí en invierno. Nuestra mierda divina es la que ha pervertido su conducta.