Cornada de lobo | pedro trapiello
Campo y tango
Vete al campo un día entero. No me gusta esa cara que tienes a medias entre mueca intestinal y paranoia prenavideña. Anda, vete al campo, sube cuestas, elige peña o valle, encinar o hayedo, riberona o paramera. Te sobran sitios a dos leguas.
El suelo del otoño está mullido y hasta la hojarasca es papel mojado al pisar el monte de mañanita. Noviembre tiene su canción. No todos los meses suenan igual en su pajarada, en su bullir la tierra o soplar las nubes. Este mes que tardó en enfriarse guarda aún pálpitos de un otoño sin mucha pudridera, arden los últimos colores, las hojas parecen cueros, repuntan los musgos, se acolcha la pelleja del suelo, reverdece el praderío, se amorata el último brunal ciego. Por lo demás, el aire alimenta de limpio como corre y se perfuman las pisadas con ese tomillo que ahora abotona sus hojas cargándolas de aceite esencial para encararse a las cien heladas contratadas.
Apúntate al rebusco castañero, a coger setas, a apañar lo que sea, si es que no quieres dar puntada sin hilo... pero vete al campo, cruza algún arroyo., siéntate en un piedrolo con quien vayas y atízate unas «diez» en regla, taco y trago, reponiendo... y después, a relajarte cansando la pata, a oler el viento, a escuchar las señas que se dan los pájaros, a fijarte en todo lo que veas haciéndote otras preguntas... desconecta y cágate en la crisis, celebra que los problemas te exigirán ingenio o pelotas... y quizá espabiles y dejes de hacer el lila tirando a rosa o añil.
Pero eres vicioso de acera y escaparate y aseguras que el campo te hincha las muñecas como la sopa de verduras así que te sugiero un a medias: vete a un hotel que tiene a su espalda un trocito propio de monte berciano con la mueca majestuosa de castaños centenarios. Me pirra el sitio. Dormirás de lujo y mañanearás de vicio. Además, para este mismo sábado te han preparado una cena inédita, excepcional y argentina en toda su esencia... una cena para caerte de espaldas y, a continuación, un espectáculo de tango puro y malevaje para ponerte de pie. Averiguarás fácilmente qué hotel es. Tiene un botillo de bronce a su entrada porque el pueblo tiene gran renombre botillero... y sabrás por qué César le puso al hotel el nombre de su madre.