Detectan sustancias tóxicas en una docena de especies de setas
Un estudio alerta del peligro de comer hongos que han crecido en suelos contaminados o con características mineralógicas

Imagen de la especie de una de las setas.
En plena temporada de recogida de setas, la Universidad de Castilla-La Mancha ha dado a conocer los resultados de un estudio que hará cambiar los planes de más de un excursionista que tenía previsto aprovechar el fin de semana para salir a buscar este suculento alimento. Se han detectado una notable presencia de plomo, neodimio, torio e incluso uranio en un centenar de muestras de doce especies de setas comunes, comestibles y venenosas, recogidas en zonas boscosas, no contaminadas y alejadas de núcleos habitados.
La investigación alerta del peligro que puede suponer ingerir setas que crezcan en suelos contaminados o con características mineralógicas especiales «porque pueden alcanzar concentraciones de elementos tóxicos que harían desaconsejable su consumo», advierte el profesor Juan Antonio Campos.
Según las conclusiones de la investigación, que se ha llevado a cabo en el campo de la provincia de Ciudad Real, la máxima absorción de neodimio y plomo se ha hallado en el rebozuelo «Cantharellus cibarius», una seta muy apreciada en los platos de la cocina europea. Se trata de un hongo que crece a la sombra de encinas, alcornoques y robles y que se asocia a la parte externa de las raíces de las plantas para intercambiar nutrientes. Otra seta, la «Hypholoma fasciculare», tiene altas concentraciones de uranio y torio «a pesar de que es una especie que vive sobre los troncos caídos de los árboles y está aislada de las sustancias minerales del suelo».
Y es que las setas son «como auténticas esponjas que absorben todo lo que hay en el sustrato y los elementos minerales dependen del sustrato mineral que haya en el suelo», matiza el profesor Campos.