El paisanaje | antonio núñez
Rumboso que era el padrino
Y vivan los señores novios. Según cuentan los periódicos y no paran, nada más desembarcar los piratas del Alakrana en Somalia hubo grandes festejos, entre ellos ocho bodas contra otras tantas piratesas. Abordaje por abordaje, y se dice por experiencia, allá los bucaneros. Nunca falta gente que lo tira todo por la borda. Servidor desconoce cómo se hará allí para legalizar un botín o un atraco de bienes gananciales, pero a más de una abogada matrimonialista se la recomendaría yo de mala leche.
El caso es que se han llevado por su cara bonita casi tres millones de euros de Zapatero -”lo que se les reirán las mozas en la cara-” algo que la parentela no soñaba para ellos ni de coña. Algunos suegros han declarado honestamente a la prensa que «es más de lo que hubieran ganado en su vida». Y es verdad: eche usted los cálculos y multiplique más o menos allí el valor del dólar y el euro al precio local de las cabras y el cuscús.
Para anunciar la liberación del Alakrana ha hecho falta una rueda de prensa del presidente Zapatero después de que todos los periódicos hubieran entrevistado por su cuenta desde al Capitán Garfio hasta a Peter Pan. Fue más tarde cuando el Gobierno, marinero de agua dulce, dijo oficialmente que el atunero «navegaba libre hacia aguas más seguras». No dio más explicaciones para despistar a los atunes, afortunadamente también a salvo, o tal vez a la opinión pública.
No merece la pena andarse con rodeos sobre los dos piratillas anclados ahora en la Audencia Nacional y si son unos hijos de puta menores de edad, con perdón de su madre, o esgrimen ya la muela del juicio. Tampoco compensa elucubrar sobre lo que chuparon foto en los papeles las ministras Chacón, De la Vega y el juez Baltasar Garzón.
Ha salido bien, gracias a Dios, toda esta singladura de un barquichuelo con base en Bermeo, de bandera de conveniencia en las islas Seychelles para pagar menos impuestos, que enarbolaba la ikurriña durante el abordaje en vez de la bandera española, salió a faenar lejos de donde tenía protección de su país y de los buques de guerra de los nuestros, de la Unión Europea y del otro medio mundo y lucía en la popa el pomposo nombre de Alakrana en vez del castellano alacrán. Conociendo es escaso crédito que conceden los islamistas a todo lo que huele a femenino y su desconocimiento de la jerga de Sabino Arana es lo menos que pudo pasar. Quedan en la Audiencia Nacional dos piratas por interrogar a los que seguramente el juez los empapele en español castizo con un intérprete árabe. Y, sentada en el banquillo la problemática del idioma, es probable que lo nieguen todo hasta el patíbulo -”un pirata de ley hasta la horca-” aunque en su caso seguirá un indulto de Zapatero y luego la extradición a Somalia, donde probablemente echarán de menos las comidas de la trena de Madrid.
Podría ser también que no, porque según los periódicos en Haradhere, que es su pueblo, entre bodorrios, ajuares de la novia y la dote pagada gentilmente por el España tienen ya para un largo apaño. Tanta ha sido, según dicen los corresponsales -”y lo malo es que así está escrito y debe ser verdad, porque, si no, no lo pondrían a lo tonto-” que la lluvia de dólares y euros del rescate ha multiplicado por diez los precios de la prostitución, de una droga llamada khat y se supone también que de otros productos menos básicos para la mesa. Es la ley de la oferta y la demanda o un Plan Marshall a la española.
Se conocen pocos detalles más del final del secuestro, como que un helicóptero tenía orden de disparar delante de la chalupa de los últimos piratas fugitivos, por si les daba por parar del acojono. Y más tarde al casco, pero nunca al personal para no hacerles pupa, lo que no deja de ser un detalle. Y que el Gobierno puso dos aviones a disposición de las familias de los marineros para ir a ver a sus maridos, que las gallegas aceptaron, pero las vascas no porque eran del Ejército de España.
Para ponérsele a uno cara de atún.