Diario de León

El último acorde: Sabina cuelga la boina y dice adiós a los escenarios

La legendaria figura de la canción de autor, Joaquín Sabina, ha confirmado lo que muchos temían y que, en el fondo, todos presentían: su reciente gira marca su despedida definitiva

El cantautor Joaquín Sabina en una actuación en el Museo del Ferrocarril de Madrid, para presentar su trabajo

El cantautor Joaquín Sabina en una actuación en el Museo del Ferrocarril de Madrid, para presentar su trabajo "19 días y 500 noches". EFE/Alberto Martín

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Tras la espectacular acogida de su más reciente tour, la noticia se ha oficializado: el jienense baja el telón de su vida itinerante, dejando atrás una estela inigualable de canciones que han sido banda sonora de varias generaciones. El artista, de 76 años, ha señalado que es el momento de priorizar la calma, la salud, y dedicarse a otros proyectos creativos, como la escritura y, posiblemente, la composición para otros.

"Ya no tengo edad, ni cuerpo, ni voz para la tralla de las giras. Es de sabios saber cuándo retirarse. Me voy antes de que me echen, aunque las canciones se quedan con vosotros," declaró el cantautor, con su habitual mezcla de ironía y melancolía, en un reciente encuentro con la prensa.

Desde aquel primer éxito con "Inventario" hasta los himnos que corea la muchedumbre, como "19 Días y 500 Noches" o "Y nos dieron las diez", Sabina no solo vendió discos; narró la vida bohemia, el desamor en las esquinas y la belleza de lo imperfecto. Su figura, siempre coronada por la icónica boina y envuelta en ese halo de bon vivant y poeta maldito, se despide de los directos, pero no de su público, que ya clama por una residencia fija o algún formato más íntimo.

Última Gira: La serie de conciertos que culminan su carrera.

Motivo Principal: La necesidad de cuidar su salud y el agotamiento de la vida en la carretera.

Próximos Pasos: Enfocarse en la escritura (libros, poemas) y la posible composición de canciones para otros artistas.

Aunque la tristeza embarga a sus seguidores, la obra de Sabina es un monumento imperecedero. Sus discos seguirán girando en los tocadiscos y sus versos seguirán pintando paredes y tatuando pieles. Se retira el showman, pero el poeta se queda.

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