Eduardo Casanova en 'Lo de Évole': "Me han llamado de todo, pero lo que más me duele es que me llamen sidoso"
El cineasta Eduardo Casanova se sincera con Jordi Évole sobre el acoso en redes, su salud mental y el estigma que rodea a su figura pública

Eduardo Casanova, en Málaga, donde presentó 'Pieles'.
El pasado domingo, el programa 'Lo de Évole' recibió a uno de los creadores más polarizantes del panorama español: Eduardo Casanova. En una charla íntima y visualmente cuidada, el director de 'Pieles' se abrió en canal para analizar el odio visceral que recibe de forma sistemática en las plataformas digitales. Durante la entrevista, Casanova abordó sin tapujos cómo los insultos han trascendido la crítica cinematográfica para convertirse en ataques personales cargados de odio y prejuicios.
Uno de los momentos más tensos y reveladores de la noche llegó cuando el cineasta confesó el término que más le ha impactado en los últimos años. Casanova relató que, tras sus apariciones en alfombras rojas o estrenos, se encuentra con una horda de comentarios despectivos que utilizan la enfermedad como arma. "Me han llamado de todo, pero lo que más me duele es que me llamen sidoso", explicó ante la mirada atenta de Jordi Évole, señalando que este tipo de términos no solo buscan herirle a él, sino que perpetúan un estigma arcaico contra el colectivo LGTBIQ+.
El director reflexionó sobre el concepto de las "sidosas", un término despectivo que los 'haters' utilizan para encasillar a personas con una estética o actitud que se sale de la norma heteropatriarcal. "Hay una parte de la sociedad que necesita usar la enfermedad para intentar humillarnos", sentenció Casanova, visiblemente afectado al recordar cómo el anonimato de las redes sociales permite que se desentierren fantasmas de los años ochenta para atacar su libertad creativa y su forma de ser.
A pesar de la dureza de los testimonios, Casanova también aprovechó el espacio para reivindicar su derecho a la diferencia y a seguir creando desde los márgenes. Durante la conversación, defendió su universo estético cargado de rosa y provocación como una respuesta política al odio. Para el cineasta, el uso de palabras como "sidosas" por parte de sus detractores es la prueba fehaciente de que todavía queda mucho terreno por conquistar en la lucha por la tolerancia y el respeto en la esfera pública española.