Diario de León

Gatos, déjalos en paz

Saber cómo actuar puede salvar la vida a un gato que está en la calle. Puede que lo hayan abandonado, esté perdido o se haya escapado. Y puede que haya nacido en una colonia y no necesite ayuda. Estas son algunas claves para reconocer si hay que actuar o dejarlos tranquilos. Y, sobre todo, saber que un gato callejero está protegido por la Ley de Bienestar Animal igual que los que tienen familia. Atacarlos, envenenarlos o maltratarlos es delito. Si no te gustan, déjalos vivir en paz.

León

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La calle es su casa, pero no siempre. Porque no todos los gatos que están en la calle están perdidos o abandonados y no todos los que andan por las calles viven en una colonia de callejeros. Aprender a distinguirlos es importante si quieres ayudar a un gato. Porque hay cosas que se deben hacer y otras que no si lo que se quiere es ayudarles.

Las cuidadoras de colonias en León —mayoritariamente son mujeres— lo tienen muy claro. La mejor regla es la observación.

Se les reconoce bien, dicen. «Te miran con ojos de pánico. Con esa cara de 'pero qué pinto yo aquí'», aterrorizados», dicen desde El Carro de Freya, que cuida y gestiona colonias de gatos y gatas ferales en Villaquilambre.

Se comportan de manera diferente. En eso coinciden todas las asociaciones y protectoras de la provincia. «Un gato que vive en la calle se maneja bien en el asfalto, sabe a dónde va y sabe cobijarse, se mueve por debajo de los coches...», explican. Esas son las primeras pistas. «Un gato o una gata que se ha perdido está descolocado», añaden. Segunda pista. Y tercera: «Un gato de casa que está en la calle porque se ha perdido, caído o lo han dejado abandonado busca contacto humano con desconocidos». Como si pidieran ayuda, añaden. «En realidad, lo están haciendo», puntualizan.

«A veces, la mejor ayuda es dejarlos en paz. Eso no significa mirar para otro lado, seguir tu camino y no comprobar qué pasa. Significa que hay que observar su comportamiento. Y si es un cachorro o una camada de bebés, nunca hay que tocarlos ni manipularlos para que su madre no los rechace, no hay que cambiarlos de lugar porque la gata luego no los va a encontrar», explican. «Hay que asegurarse de que necesitan ayuda, porque hay gatos que no la necesitan, hay gatos que no precisan ser ayudados. Basta simplemente con dejarlos tranquilos tras comprobar que no son gatos perdidos o abandonados», añaden.

El desconocimiento sobre el comportamiento de los gatos les perjudica. Es el gran problema. Y una fuente de sufrimiento para ellos. El más grande, la retirada de sus cachorros a una gata antes de tiempo.

«Se los arrancan a sus madres», dicen desde Peludines sin Suerte, que gestiona colonias en Ponferrada. «Las gatas no comen donde paren. Así que para ir a buscar comida dejan a sus cachorros solos hasta que regresan. Otras veces los llevan con ellas, si ya son un poco mayores y, si se asustan porque viene alguien, se esconden. Pero no han abandonado a sus crías. La gente piensa que sí y los cogen», explican en la protectora berciana. «No esperan a que la madre llegue», añaden desde Huellitas del Esla, que socorre a gatos callejeros en Mansilla de las Mulas y los pueblos del sur del Esla. «La madre ha salido a por comida, no están abandonados. Hay que esperar y observar, quizá la gata vuelva. Si no lo hace en un tiempo prudencial, entonces es cuando hay que actuar», inciden desde El Carro de Freya.

Los gatos pequeños son capaces de resistir hasta días sin comer. Es mucho más peligroso el frío, que les provoca hipotermia, dicen quienes están al cuidado de colonias.

«Cuando se ve a una camada sin la gata lo que no hay que hacer es llevársela», enfatizan las cuidadoras de gatos. «Hay que darle un tiempo a que regrese», añaden.

«Hay personas que roban gatitos a las mamás callejeras y los dan en adopción o los regalan sin control. Luego, cuando crecen, ese gatito ya no es de calendario, crece, juega y destroza o marca la casa porque no ha sido castrado... Ese gatito lindo que fue arrebatado a su madre por alguien 'muy sensible' vuelve a la calle cuando crece. Lo abandonan y es su sentencia», dicen desde la asociación Bastet, que gestiona colonias de gatos comunitarios en San Andrés del Rabanedo.

«Puede que esté abandonado, que se haya escapado al abrir la puerta o el portal y deambule por la calle porque no sabe volver a casa o que se haya caído desde una ventana o un balcón y haya tenido suerte de no estar herido. A ellos hay que ayudarles». La primera acción es dar aviso a la Policía Local. Con la Ley de Bienestar Animal en la mano, los municipios son responsables de todos los gatos callejeros de su zona. «Hay que insistir hasta que acudan a la llamada», inciden desde las protectoras. «Es el protocolo. Hay que hacerlo así», enfatizan. «Puede que el gato tenga chip y, por lo tanto, se puede localizar a su familia», añaden. La segunda acción es ponerles agua y comida e intentar rescatarlos con una jaula. La tercera, pegar carteles con la foto del gato por la zona. Si todo eso fracasa, hay que buscarle una adopción. No siempre es fácil encontrarles una familia, por eso las casas de las cuidadoras de colonias están llenas de gatos. «No hay cuajo de abandonarlos, es su muerte segura después de un tiempo de mucho dolor y de una vida llena de penalidades», explican.

«Para quienes abandonan a sus gatos en la calle pensando que se buscarán la vida que sepan que los condenan a una muerte llena de dolor», explica la cuidadora de una colonia en la zona de Las Cercas, en León. «Sufren mucho, no se lo pueden ni imaginar, días de agonía», puntualiza. «Los dejan en colonias callejeras porque creen que allí van a poder vivir y están completamente equivocados», señalan desde El Carro de Freya. «No tienen apenas posibilidades de sobrevivir», advierten desde Peludines sin Suerte. «Se enfrentan a una vida horrible», apuntan desde Huellitas del Esla.

Ese sufrimiento tiene descripción. El primero, es la falta de acceso a comida. Los gatos son territoriales. En las colonias callejeras, también. Un gato casero jamás será admitido en una colonia de ferales. Serán apartados, no les dejarán acercarse a la comida. Y además, serán atacados. Peleas que les provocarán graves heridas. Sin poder beber, comer, enfermos...

Y una última advertencia, para los ayuntamientos y para quienes insultan a las cuidadoras de colonias, envenenan a los callejeros o los agraden: los gatos, aunque hayan nacido en la calle y sean ferales o comunitarios, son considerados animales domésticos y están protegidos por la Ley de Protección Animal.

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