Diario de León
Luis Miguel Gutiérrez y María Jesús Salas, en el consultorio médico de Prioro.

Luis Miguel Gutiérrez y María Jesús Salas, en el consultorio médico de Prioro.

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León

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Carmen Tapia

LEÓN

El acto médico es una actividad íntima en la que el paciente comparte sus dolencias con el profesional. De esa confianza nace la mayor parte del éxito de la curación. Eso lo saben el médico Luis Miguel Gutiérrez y la enfermera María Jesús Salas, responsables de la salud y el bienestar físico de los habitantes de Prioro, una zona de montaña a una hora de viaje en coche desde León. Luis Miguel Gutiérrez hace ese recorrido desde hace veinte años, llueva o nieve. María Jesús es una de las vecinas del pueblo con 33 años de experiencia. Entre los dos atienden a 300 almas de Prioro y Tejerina. Y lo de alma adquiere aquí su más extenso significado. No sólo curan la enfermedades del cuerpo sino que, a base de actos de confianza mutua, también conocen los entresijos familiares. Por eso, nada más ver a un paciente entrar por la puerta saben si lo que le pasa es fruto de una enfermedad física o producto de los sufrimientos arrastrados por la vida, de sus vidas, la de cada uno, las que conocen al detalle. «El contacto, la aproximación, ayuda mucho al diagnóstico», asegura Luis Miguel Gutiérrez, «sabes que lo que les trae a la consulta no es sólo una patología física, sino una problemática familiar». Es, además de médico, amigo.

Gutiérrez está preocupado por sus vecinos: «Llama la atención el gran número de patologías de tiroides en esta zona», asegura. Su inquietud le llevó a participar en un estudio de investigación de la Universidad de Santiago de Compostela para cifrar los niveles de gas radón en los domicilios. Participaron cinco vecinos de Prioro y de Tejerina. Los resultados descartaron que este gas estuviera presente en los domicilios en cantidades que pudieran provocar enfermedades. «Da igual la edad, la patología de tiroides está presente en niños y mayores». Gutiérrez se pregunta si los investigadores no deberían ocuparse de esta zona, «yo he estado también en Laciana pasando consulta y allí no hay tantos casos».

Al consultorio de Prioro no le falta de nada, «está muy equipado, tememos desfibrilador, nebulizaror, autoclave...es uno de los consultorios más completos del medio rural», dice satisfecho.

Por la consulta pasan una media de diez pacientes diarios, «pero a partir de marzo esta cifra se duplica porque la gente vuelve al pueblo en primavera y verano».

María Jesús Sala es enfermera en Prioro desde hace 33 años. «Me gusta trabajar en el pueblo», asegura. «Yo me organizo mi trabajo, nadie me dice cómo tengo que llevar a los pacientes y eso hace que el ambiente sea muy agradable. Los pacientes no sólo te confían sus dolencias físicas, sino sus problemas familiares», asegura. Ocupa su jornada en curas, tensiones, glucemias, analíticas y cuidar a las personas que permanecen en cama «y para enseñar a las familias en cómo tienen que cuidarlos para que no les salgan escaras».

Lo mejor: «El contacto cn la gente», dice tajante.

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