Ni una lágrima más
Un centenar de personas pasan cada año por el quirófano del Hospital de León para operarse de una rija en el ojo, veinte de ellos se someten a una nueva técnica quirúrgica que evita ingresos y bajas laborales.

Pablo Casas Rodera, otorrinolaringólogo, y Álvaro Toribio García, oftalmólogo, los dos especialistas que realizan la técnica endonasal.
LEÓN
El Centro Asistencial Universitario de León (CAULE) es uno de los dos hospitales de la Comunidad, junto al Río Hortega de Valladolid, que utiliza la técnica endonasal para operar el lagrimeo del ojo (epifora) como consecuencia de la obstrucción lagrimal, lo que popularmente se conoce como una rija. La intervención, que sólo realizan quince grandes hospitales del país, necesita de la presencia de dos especialistas en el quirófano, el otorrinolaringólogo y el oftalmólogo, que trabajan conjuntamente y al mismo tiempo en una operación que dura aproximadamente veinte minutos, con sedación del paciente, y que evita cicatrices, ingresos y la bajas laborales.
El otorrinolaringólogo Pablo Casas Rodera y el oftalmólogo Álvaro Toribio García son los dos profesionales que desde el año 2009 utilizan esta técnica en el Hospital de León, intervención reservada para un perfil concreto de pacientes pero que en los últimos años, debido al envejecimiento de la población, va en aumento. Un centenar de personas pasan cada año por el quirófano del Hospital de León para operarse de una rija en el ojo, pero sólo a una veintena se le practica la técnica endonasal, una intervención que se realiza mediante un corte en el interior de la fosa nasal — que es la que practica el otorrinolaringólogo— en el lugar que corresponde al saco lagrimal —que señala el oftalmólogo. «En este caso la comunicación se realiza desde la nariz al ojo. Esta técnica no supone alteración estética alguna, al paciente no le queda cicatriz en el rostro», explican los dos especialistas.
El proceso de formación de una lágrima es sencillo: la lágrima se produce fundamentalmente en la glándula lagrimal, baña la superficie ocular y parte de ella se evapora, mientras que el resto pasa por la vía lagrimal hasta llegar a la fosa nasal, donde hidrata la mucosa nasal. En las personas sin obstrucción no se produce lagrimeo porque la lágrima se evapora en parte y el resto llega a la fosa nasal. En los pacientes con obstrucción de la vía lagrimal, aunque parte también se evapora, la lagrima no recorrer el conducto lacrimonasal y se vierte en el párpado, provocando lagrimeo en los pacientes e irritando la piel, ya que el contenido en sal de la lágrima es relativamente elevado.
En la técnica clásica, la denominada dacriocistorrinostomía, que es la que se practica a la mayoría de los pacientes, la intervención se realiza mediante un corte en la piel, lo que permite a los cirujanos acceder al saco lacrimal y realizar la comunicación a la fosa nasal, es decir, la comunicación se realiza desde el ojo a la nariz. «Esta visualización directa resulta más útil en caso de infección o sospecha de tumor del saco lagrimal, pero implica que el paciente sufra un hematoma en el párpado, una mayor inflamación y una pequeña cicatriz en el rostro», aseguran Pablo Casas y Álvaro Toribio.
Mejor calidad de vida
La nueva técnica endonasal persigue una mejor calidad de vida del paciente, aunque la necesaria presencia de dos especialistas en el quirófano la hace todavía una operación minoritaria, aunque va en aumento. Los especialistas de León practican una media de 3 pacientes al mes, con un tiempo de espera aproximado de tres meses. «Con la técnica tradicional los pacientes tienen que estar de baja laboral una media de dos semanas, con la nueva intervención, sobre todo los pacientes más jóvenes, se incorporan a la vida laboral al día siguiente, lo que hace de esta técnica la primera elección para estos enfermos», aseguran los especialistas.
La patología lagrimal representa un 5% de las consultas oftalmológicas, pero los especialistas alertan de que hay muchos más que no tienen un diagnóstico. «Las personas mayores piensan que el lagrimeo constante es algo normal por la edad, pero no es así», aseguran. Alrededor de 200 pacientes leoneses están sin un diagnóstico en la provincia de León. Esta enfermedad es más frecuente en mujeres (el 70% de los pacientes intervenidos son mujeres) y aumenta con la edad: un 40% de las personas de más de 65 años y hasta un 80% de las de más de 80 años tienen obstrucción de la vía lagrimal.
«El lagrimeo», dicen, «tiene tratamiento». La técnica resulta más cara que la tradicional, por la necesidad de la presencia de los especialistas en el quirófano, pero la reducción de ingresos y coste laboral la hace más rentable socialmente, «el paciente hace su vida normal de forma inmediata».
La técnica endonasal, menos agresiva, está reservada para los pacientes que no tengan infecciones previas en el ojo, así como a los que la técnica tradicional no ha dado resultados positivos.
El éxito de esta nueva técnica está en el 80%, «es una cirugía con anestesia local o sedación del paciente, no deja cicatrices externas, es ambulante, no precisa hospitalización y el paciente se va a su casa ese mismo día, incorporándose a su vida normal», defienden los especialistas.