Diario de León

? OPINIÓN

Un gesto trascendente y poco reconocido

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Presidente de la Federación Española de los donantes de sangre
León

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Sería bueno recordar que en España, la donación altruista de sangre la inician las hermandades o asociaciones de donantes de sangre en todas las ciudades entre 1965 y 1972 partiendo prácticamente de cero absoluto, situándose el lado de los bancos de sangre de los hospitales. Su objetivo era claro y contundente: acabar con esta lamentable situación propiciando la donación de sangre voluntaria y no remunerada. Hasta ese momento las necesidades se cubrían de forma precaria e insegura a través de bancos de sangre privados pagando la sangre a los que la vendían, unas veces estudiantes para solventar sus gastos y las más a personas poco recomendables, en cuanto a la seguridad que podían ofrecer. La falta de sangre era la causa de la muerte de muchas personas que «se quedaban en los quirófanos» o en los paritorios o en las urgencias por falta del líquido vital que les salvara. De todos modos la divulgación y el conocimiento entre la sociedad fue lento y complejo al tratarse de un tema casi misterioso que venía arrastrando tabúes y sujeto a viejos atavismos sociológicos, religiosos y de todo tipo. Las hermandades y los donantes en ellas encuadrados trabajaban sin descanso en una línea imparable, con escasos apoyos de la Administración y a pesar de que la sanidad «per se» es incapaz de resolver un problema de enormes dimensiones que depende de la voluntad de las personas. Otro aspecto nunca bien entendido y valorado es que la estructura humana del movimiento asociativo de los donantes de sangre, por su extensión en el conjunto de la sociedad, fue quien primero fomentó, propició y ejerció una concienciación hacia los «otros tipos de donación» especialmente la de los órganos para transplantes, tejidos, médula ósea y los progenitores hematopoyéticos las células madre. La Administración creó en todas las comunidades por lo menos un centro de transfusión. El problema es divulgar, fomentar y fidelizar a los suficientes donantes activos, más de dos millones en España, para que las 6300 transfusiones de sangre o cualquiera de sus componentes que se llevan a cabo cada día en nuestro país queden garantizadas y para eso son fundamentales las asociaciones, su delegados locales, divulgadores y promotores, un entramado social que no está reconocido por quienes más deberían tener en cuenta un colectivo que resuelve una parte fundamental de la asistencia sanitaria global.

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