?OPINIÓN
Nos agotamos en el hacer y no disfrutamos de la vida
Tiene Victor Kuppers una expresión que utiliza a menudo para comentar que andamos por la vida un poco despistados. Dice que vamos como pollos sin cabeza o, lo que es lo mismo, que andamos deprisa, deprisa, pero sin saber adónde vamos, sin control alguno.
Creo que no le falta razón.
Cada día, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, hacemos un montón de cosas. Algunas, impuestas. Otras, voluntariamente escogidas. Pero, en cualquier caso, la mayoría de ellas realizadas de forma autómata, mecanicista, sin pasión y sin ser conscientes de cómo las llevamos a cabo. De esta forma transcurren los días, las semanas, los meses y los años sin apenas darnos cuenta de ellos.
Y una mañana o una tarde caemos en la cuenta del tiempo pasado y de que hemos hecho un sinfín de cosas, pero que, tal vez, sólo hemos hecho cosas, no las hemos vivido, no hemos vivido. Nos hemos agotado en el hacer y no hemos sabido disfrutar ese hacer.
Respondemos a demandas culturales, sociales, familiares, contextuales… Hacemos y deshacemos para agradar, para conseguir la aceptación, para llegar a lo que se espera de nosotros, para estar a una altura determinada, para que nos quieran. Dejamos la vida en el cumplimiento de estos deberes.
Mientras tanto, nuestra voz interior —esa que nos empeñamos en ocultar y despistamos una y otra vez para no escucharla— nos va reclamando atención a veces de forma sutil, otras más rotundamente. Puede llegar incluso a parar de forma abrupta nuestra frenética actividad, para que nos enteremos de una vez de que «así no».
¿Cómo seguir entonces? ¿Qué cambios necesitamos? ¿Qué pistas podemos encontrar? En el Teléfono de la Esperanza se ofertan grupos, talleres y espacios para enseñarnos a parar y escuchar, para permitirnos oír y expresar la voz propia y única de cada uno de nosotros, para compartir experiencias y para crecer en la consciencia de lo que vivimos cada día. Recursos y herramientas de los que siempre podemos servirnos para mejorar nuestro quehacer cotidiano y nuestra calidad de vida.