MABEL LOZANO. Directora y guionista Autora de ‘El proxeneta’
«Los proxenetas carecen de empatía por los seres humanos»

Portada del libro. DL
LEÓN
De modelo y actriz a directora, guionista y productora de documentales comprometidos con la mujer y en concreto con la lucha contra la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual. Mabel Lozano acaba de publicar su primer libro, El proxeneta , basado en el testimonio de Miguel, apodado el Músico , un exproxeneta que cuenta con todo lujo de detalles cómo ha evolucionado el negocio de la prositutición en España y en todo el mundo desde principios de los años noventa hasta hoy con el negocio de la trata, sometiendo y esclavizando a mujeres de deuda para las que la prostitución se convirtió en una alternativa de supervivencia. Voces contra la trata de mujeres fue su primer documental en 2005. Diez años después estrenó Chicas nuevas 24 horas .
—¿Cómo surge ’El proxeneta’: por qué ha decidido en esta ocasión poner el foco en los tratantes en lugar de las víctimas de trata para la prostitución?
—Porque llegó un tratante a mi vida. Un proxeneta llama a mi teléfono, me busca. Es una voz única de la que nunca se habla y aporta muchísimo. Primero, porque corrobora los testimonios que las víctimas han expresado cientos de veces y, segundo, porque descubre un negocio multimillonario que tiene connivencia de mucha gente y que lleva conviviendo con nosotros muchos años.
—Se acostumbra a ver el problema con las prostitutas de protagonistas, que quizá sea necesario. ¿Hace falta conocer la cara de los proxenetas?
—Respecto a las prostitutas, es necesario conocerlo, pero no desde el morbo y el amarillismo de los cuerpos desnudos que es donde se pone muchas veces el acento. En cuanto a los proxenetas, es imprescindible e importantísimo poner el foco sobre ellos. La primera sorprendida de lo que me contaba Miguel, el Músico , fui yo, después de años documentándome y entrevistando a víctimas. El proxeneta es el gran desconocido de este gran negocio, una figura que se nos antoja muy lejana, fronteriza y que no imaginamos en nuestro país. Si preguntas a si la mafia existe en España te dirán que no y yo te digo que sí existe la mafia y el crimen organizado.
—¿Qué aporta a mayores de lo que ya sabía por los testimonios de las mujeres que ha conocido haciendo sus documentales?
—El proxeneta sorprende porque es muy duro y muy salvaje. Demuestra que son los propios dueños de los burdeles los que trafican para surtirse y ganar más dinero y que asociaciones como Anela que surgieron a principios de siglo y se presentaron en los medios de comunicación como grandes samaritanos eran realmente grandes explotadores y tratantes. Y descubre también cómo es el entramado de este negocio multimillonario que se hace con la complicidad de abogados, médicos, periodistas, policías, agencias de viajes, etc. Es un negocio superior al narcotráfico del que se lucra mucha gente.
—A la vista de lo que conoce ahora, con los documentales, y el contacto con este proxeneta. ¿Cree que se está luchando de forma adecuada desde las instituciones y desde las fuerzas policiales para erradicar el problema?
—Para empezar es muy importante el lenguaje. La trata no es un problema, es un delito. Sí hay un propósito de lucha contra la trata, pero lo que hay que tener es una legislación magnífica y potentísima.
—Hay un plan marco de lucha contra la trata. ¿Es suficiente?
—Se necesita una ley integral. Todas las caras del proxenetismo no están tipificadas en el Código Penal. Las leyes son laxas, creo que tienen que ser más duras y por supuesto, si se compara el presupuesto que se dedica a luchar contra el narcotráfico y el que hay para luchar contra la trata, el segundo vemos que es irrisoria.
—¿Está arrepentido?
—Sí, está arrepentido.
—El testimonio es la manera de ‘compensar’ el daño que ha hecho.
—No, él ya lleva colaborando con la policía desde hace mucho tiempo y se juega la vida. Tiene mucha valentía. Hay que pensar que estas personas también tienen derecho a redimirse. En el libro no le juzgo, ya está juzgado y ha pagado con cárcel, pero tampoco le disculpo. Ofrece un testimonio que es importante y asume muchos riesgos.
—El comienzo del libro lo presenta como un personaje que de alguna manera era carne de cañón. Víctima de abusos sexuales y maltratado por la vida. ¿Justifica eso que el destino le llevó a ser lo que fue y rebajar la responsabilidad individual?
—No hubiera escrito este libro para justificarle. La primera vez que le vi no llevé grabadora, sólo quería ver su rostro, ver cómo era alguien que me había contado por teléfono que había sido un proxeneta y había traficado con más de 1.700 mujeres, uno de los fundadores del negocio de la trata al servicio de los macroburdeles. Yo quería saber todo de los esclavistas. Y llegó un momento en que se sinceró conmigo y me contó algo que no había contado a nadie. Lo normal es que hubiera sido un narcotraficante. La educación es importante y reprodujo como tratante el mismo patrón que había aprendido en el orfanato. En el fondo, tenemos que tener muy claro que los hijos de los maltratadores cuando ven a sus padres pegando a su madre odian esa conducta, pero luego de mayores, si no se ha trabajado con ellos, estadísticamente está comprobado que reproducen el mismo patrón. No lo he contado para justificarle. Al contrario, él vivió su infancia como un títere en la que todo el mundo movía y luego se convierte en quien mueve los hilos de miles de mujeres que captó y explotó.
—¿Es un perfil que se puede aplicar a todos los tratantes?
—No todos son iguales. En el libro se retrata cómo son el resto de sus socios. Él no usaba la violencia física, pero usaba de una manera cruel y brutal la violencia psicológica. De tal manera, que él miraba a una mujer y la mujer se hacía pis encima. No tenía que pegarlas porque hacía muy bien su trabajo. Ponía a las mujeres unas cadenas que hacían el mismo efecto. Otros proxenetas, sus exsocios o socios de sus exsocios son además muy crueles y violentos. Muy despiadados.
—Me refería al tema de los antecedentes familiares.
—No necesariamente. El denominador común que tienen todos los proxenetas es que carecen de empatía por los seres humanos. Ni por su familia. Una persona que es capaz de captar, explotar, violar... no tiene ninguna empatía por los seres humanos. Eso lo tienen todos en común.
—¿Qué es lo más le ha tocado al llegar a la profundidad de una persona que ha traficado con tantas mujeres?
—La impunidad con la que llevan trabajando durante muchísimos años en este país y siguen trabajando. Lo que se explica también en El proxeneta es que todos estos clubes que en su día regentaba el Músico junto con sus socios, con los mismos nombres, en los mismos sitios siguen abiertos. Él cuenta en el libro cómo esos clubes están llenos de mujeres colombianas, paraguayas, rumanas... y cómo esos clubes siguen llenos, llenos llenísimos.
—El libro refleja el tránsito del modelo de prostitución anterior al actual basado en la trata. ¿Cómo era y cómo es?
—En el modelo anterior, en el cual los macarras eran los que controlaban el negocio y a las mujeres no había tampoco libertad, pero no había cautiverio. Y eran igualmente explotadas. Ahora tienen sistemas de multa y no pueden salir del lugar dónde están.
—¿En qué momento se produce el cambio?
—Las olimpiadas de Barcelona, en 1992, son las que marcan el punto de inflexión. La bonanza económica hace incrementar la demanda de mujeres.
—La cara oscura de los grandes acontecimientos...
—En España además se dio conjuntamente la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona y eso significó mucho movimiento de dinero. Donde hay dinero hay vicios. Aquí faltan mujeres y hay que buscar mujeres en los países más empobrecidos. Buscan las más pobres y las más guapas. Brasileñas, colombianas, dominicanas... Ahora paraguayas. El idioma ha facilitado que los traficantes españoles trajeran a las mujeres latioamericanas, mientras que las rumanas son captadas por los propios rumanos aunque luego hayan compartido explotación con los españoles.
—¿Cómo se reparte el pastel de la trata?
—Los dueños y los amos de la prostitución en España, entre tratantes y proxenetas, no son más de 25 personas. Como negocio involucra a miles de miles de personas, desde médicos, taxistas, policías, agencias de viaje...
—Los policías especializados en trata con fines de explotación sexual hacen hincapié últimamente en que hay mujeres involucradas como captadoras, sobre todo en algunos países africanos, como NIgeria. ¿Es una práctica extrapolable a este delito tal y como lo conoce usted?
—Sí, casi siempre las captadoras son mujeres porque son las que generan más confianza ante una propuesta de viajar a España. Pero lo que es el negocio en sí está muy masculinizado. Los tratantes son los dueños de los burdeles y las mujeres son las explotadas. Las que están captando allí ganan una miseria y muchas de las que trabajan en los burdeles como vigilantes o encargadas, previamente han sido explotadas. Pero en términos globales, este es un negocio que lo dirigen hombres mayoritariamente y mayoritariamente las explotadas son mujeres.
—¿Ha cambiado su opinión sobre la legalización de la prostitución?
—Para nada. Si antes no estaba a favor después de lo que me ha contado el Músico, mucho menos. Es una postura que ahora parece muy progre, pero yo sólo regularía a favor de los derechos humanos. Lo demás es un paso atrás. En España la prostitución es alegal. Quien quiera ejercerla libremente puede darse de alta en la Seguridad Social, aunque no hay apartado de trabajadora del sexo. En Alemania fracasó. Es irrisorio el número de las que se dieron de alta.