La mala dieta sale cara

El 60% del coste atribuible a patologías evitables y no transmisibles se debe a la dieta y el 30% a la falta de ejercicio.

Emblemática recreación sobre los dos extremos de la alimentación, que tanta influencia tiene en la salud.

León

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LEÓN

La enfermedad isquémica, la diabetes y las caídas no intencionadas son tres de las enfermedades evitables analizadas en el informe sobre El coste de la enfermedad potencialmente prevenible en España de la Fundación Mapfre. La enfermedad isquémica del corazón, con más incidencia entre hombres que en mujeres, tiene una elevada tasa de mortalidad, pero no de discapacidad en los supervivientes; por el contrario, la diabetes y las caídas no intencionadas presentan baja mortalidad, pero una elevada carga de enfermedad asociada a la calidad de vida, apunta el informe.

La comparación transversal del impacto poblacional entre 1990 y 2015 muestra que factores de riesgo como la dieta inadecuada, el tabaquismo, el consumo de alcohol y drogas y la baja actividad física siguen siendo los principales contribuyentes a la carga de mortalidad y discapacidad en España, si bien parece que se han reducido a lo largo de estos 25 años en términos absolutos.

Según las conclusiones del informe, la enfermedad isquémica del corazón, la diabetes mellitus y las caídas no intencionadas «son importantes problemas de salud que se podrían reducir modificando hábitos de vida» asociados con el consumismo desmesurado.

El estudio revisa tres grandes causas de pérdida de años de vida y de calidad de vida en España: la diabetes mellitus (DM2), la enfermedad isquémica cardiaca (EIC) y la osteoporosis (OP), que tienen en común, además de su gran impacto económico, el ser enfermedades no transmisibles potencialmente prevenibles con políticas de salud intersectoriales.

Según el registro CMBD-H, en 2014 el coste medio de un ingreso hospitalario por EIC fue de 5.947,51 euros, por DM2 unos 3.000 euros, que pueden llegar hasta 34.604 euros en caso de determinadas intervenciones quirúrgicas (bypass coronario) derivadas de las complicaciones macrovasculares atribuibles a la DM2. El coste medio del ingreso hospitalario de un paciente con fractura de cadera es de 8.500 euros.

El coste sanitario directo medio anual de cada paciente con DM2 supera en 2.145 euros el coste medio de una persona sin esa patología. Para la EIC, el sobrecoste sanitario anual se estima en 967 euros y para la osteoporosis, 783 euros.

La DM2 impone una carga económica que podría alcanzar el 2,5 % del PIB, la EIC el 0,32 % y la OP el 0,33 %. En conjunto, las tres enfermedades imponen una carga económica de 26.489,370 millones de euros anuales en España, que representa el 3,15 % del PIB.

«La sociedad podría evitar el gasto del 62 % de ese coste (16.425,481 millones euros) si los factores de riesgo modificables considerados, en una situación hipotética, desaparecieran (nadie fuma, no hay obesidad ni sedentarismo, etc.)», apunta.

Son cifras que no cuantifican el ahorro «ya que para alcanzarlas habría que incrementar el gasto en políticas efectivas intersectoriales de salud», matiza. Los factores de riesgo conductuales más importantes se asocian a la dieta inadecuada, que podría imponer un coste atribuible de 9.927 millones de euros, sin incluir la que se pueda atribuir a la incidencia de este factor en las fracturas óseas por osteoporosis.

La baja actividad física (5.122 millones de euros) es el segundo factor de riesgo atribuible por su importancia económica, seguido del tabaco (1.572 millones de euros) y del alcohol (523 millones de euros). En conjunto, casi el 60 % del coste atribuible se debe a una dieta inadecuada y el 30 % a la falta de ejercicio físico.

La latrogenia, o actos médicos involuntaros, también está presente. Algunos medicamentos, como las benzodiazepinas son causa directa de caídas en ancianos que, combinadas con baja densidad mineral ósea, producen fracturas osteoporóticas. Además, otros medicamentos (corticoides, algunos antidepresivos y otros) reducen directamente la densidad ósea y aunque sean necesarios y tengan un balance beneficio-riesgo favorable, a la larga imponen su coste social a través de fracturas osteoporóticas.

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El informe de Mapfre reclama un enfoque de salud en todas las políticas. «Afortunadamente, hoy en día conocemos la efectividad de muchas políticas de salud pública interdepartamentales —urbanismo, transporte, vivienda, etc.— gracias a estudios de impacto en salud, y también se sabe que a través de regulaciones punitivas y de los impuestos especiales se pueden abordar objetivos de salud pública relativos a cambios conductuales», sostiene.