Diario de León

Elena Monje, farmacéutica: «Ese pie que sacas fuera de la cama tiene una explicación científica»

Un gesto que muchas personas repiten cada noche tiene una función clave para favorecer el descanso, aunque la mayoría desconoce por qué lo hace

La farmacéutica Elena Monje explica que gestos tan habituales como sacar un pie de la cama o buscar el lado frío de la almohada responden al mecanismo natural del organismo para favorecer el descanso.

La farmacéutica Elena Monje explica que gestos tan habituales como sacar un pie de la cama o buscar el lado frío de la almohada responden al mecanismo natural del organismo para favorecer el descanso.@infarmarte

Patricia de la Torre
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Todos tenemos pequeños rituales antes de dormir. Hay quien da la vuelta a la almohada buscando el lado frío, quien destapa un brazo o quien, casi sin darse cuenta, deja un pie fuera de la sábana durante la noche. Aunque parezca una costumbre sin importancia, la ciencia explica que este comportamiento tiene una función muy concreta.

La farmacéutica y divulgadora Elena Monje, conocida en redes sociales como Infarmarte, explica que para conciliar el sueño y alcanzar las fases más profundas del descanso el organismo necesita reducir ligeramente su temperatura corporal.

A medida que llega la noche, el reloj biológico pone en marcha una serie de cambios que preparan al organismo para descansar. Uno de los más importantes es el descenso de la temperatura corporal interna.

Según explica la farmacéutica, esta disminución suele rondar medio grado centígrado, un cambio pequeño pero suficiente para que el cerebro interprete que ha llegado el momento de iniciar el sueño profundo.

Por qué sacamos un pie fuera de la sábana

Para conseguir esa bajada de temperatura, el cuerpo redistribuye el flujo sanguíneo y envía más sangre hacia la piel y las extremidades, facilitando que el calor se libere al ambiente.

En ese contexto, sacar un pie, una pierna o incluso un brazo fuera de la cama puede favorecer la pérdida de calor y acelerar ese proceso de enfriamiento. Lo mismo ocurre cuando damos la vuelta a la almohada para apoyar la cabeza sobre una superficie más fresca.

En muchos casos es una respuesta automática del organismo para favorecer el descanso.

La temperatura ambiental influye directamente en la calidad del sueño. Cuando el organismo no logra reducir su temperatura con facilidad, suele tardar más en dormirse y disminuye el tiempo que permanece en sueño profundo.

Además, aumentan las probabilidades de sufrir despertares nocturnos, lo que hace que el descanso resulte menos reparador al día siguiente.

Por este motivo, los especialistas en medicina del sueño suelen recomendar mantener el dormitorio fresco, utilizar ropa de cama adecuada para la estación del año y evitar un exceso de calor durante la noche.

En definitiva, ese pie que asoma bajo la sábana no es una excentricidad. Es una estrategia que el propio cuerpo utiliza para disipar calor y crear las condiciones necesarias para dormir mejor.

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