David Berniger, psicólogo y nutricionista, sobre lo que debes hacer antes de pensar en perder peso: «Cuando cambian esto, cambia el comportamiento»
David Berniger, psicólogo, nutricionista y creador del Método Ankshu, explica por qué septiembre es el mejor momento para recuperar hábitos saludables sin dietas extremas, culpa ni objetivos imposibles
David Berniger recomienda recuperar primero horarios estables para comer, dormir y moverse, y priorizar hábitos sostenibles antes que iniciar una dieta restrictiva para perder peso.
Septiembre llega cargado de propósitos. Después de semanas con horarios flexibles, comidas improvisadas y menos rutinas, millones de personas deciden empezar una dieta, apuntarse al gimnasio o eliminar de golpe determinados alimentos. El entusiasmo suele ser intenso, pero también breve. Para David Berniger, psicólogo, nutricionista y especialista en comportamiento alimentario, el problema no está en lo vivido durante las vacaciones, sino en intentar compensarlo mediante restricciones difíciles de mantener.
El creador del Método Ankshu propone aprovechar la vuelta a la rutina para recuperar la salud desde una perspectiva diferente. En lugar de convertir septiembre en un castigo, invita a revisar los horarios, el descanso, el movimiento diario y la relación emocional con la comida.
«Cada septiembre millones de personas empiezan otra dieta. Muy pocas cambian realmente su forma de relacionarse con la comida», advierte Berniger.
David Berniger explica por qué septiembre no debería empezar con una dieta extrema
La escena se repite cada año: alguien vuelve de vacaciones, se pesa y decide corregir en pocos días todo aquello que interpreta como un exceso. Reduce drásticamente la comida, elimina hidratos, se impone entrenamientos exigentes y confía en que la motivación inicial se mantenga intacta.
David Berniger considera que ese planteamiento suele devolver a la persona al mismo círculo de restricción, ansiedad, culpa y abandono.
«El verdadero éxito no consiste en perder peso durante unas semanas, sino en dejar de vivir atrapados entre la restricción, la culpa y el abandono», sostiene.
El problema, según el especialista, no son unas vacaciones concretas. El verdadero obstáculo aparece cuando se intenta repetir exactamente el mismo método que ya fracasó en ocasiones anteriores. Cambiar el menú sin revisar el comportamiento, las emociones o el entorno puede producir resultados temporales, pero difícilmente construye una rutina sostenible.
Berniger señala que muchas personas saben perfectamente qué alimentos les convienen. La dificultad aparece cuando deben mantener esas decisiones durante una jornada estresante, después de dormir mal o ante una emoción incómoda. Por eso defiende que la información nutricional, por sí sola, no siempre basta.
Los hábitos de septiembre que David Berniger recomienda recuperar primero
Ante la tentación de cambiarlo todo a la vez, el psicólogo y nutricionista propone volver a tres pilares muy concretos.
«Primero, recuperar una rutina estable de horarios para dormir, comer y moverse. Segundo, dejar de pensar en perder muchos kilos y empezar a pensar en recuperar energía, claridad mental y bienestar. Y tercero, introducir pequeños cambios que puedan mantenerse durante meses», explica.
La recomendación resulta menos espectacular que una dieta exprés, pero tiene una ventaja decisiva: puede integrarse en la vida real. Acostarse y levantarse a horas similares, volver a estructurar las comidas y reservar un momento diario para caminar o realizar actividad física crea una base sobre la que construir otros cambios.
No se trata de ejecutar una transformación perfecta desde el primer lunes de septiembre. Berniger defiende una progresión realista que permita mantener las nuevas conductas incluso cuando desaparezca la motivación inicial.
«Los cambios pequeños, sostenidos en el tiempo, transforman mucho más que las soluciones extremas.»
Aplazar el cambio hasta el lunes, el primer día del mes o una fecha simbólica produce una sensación momentánea de control. Sin embargo, también permite posponer la primera decisión concreta.
«El cerebro busca una fecha simbólica que haga creer que todo será diferente, cuando en realidad nada ha cambiado», explica el especialista.
Para Berniger, empezar hoy no implica reorganizar toda la vida en unas horas. Puede significar preparar una cena más equilibrada, adelantar el momento de acostarse, salir a caminar o dejar planificado el desayuno del día siguiente.
«El verdadero cambio empieza cuando dejamos de negociar con nosotros mismos y comenzamos a actuar hoy, aunque sea con un paso pequeño.»
Esta forma de afrontar septiembre evita uno de los grandes problemas de los propósitos ambiciosos: la sensación de fracaso que aparece ante el primer tropiezo. Saltarse una rutina o hacer una comida distinta de la prevista no invalida todo el proceso. La continuidad importa más que la perfección.
David Berniger advierte del peso de la culpa en la alimentación
La relación con la comida no depende únicamente del hambre. Comemos también por aburrimiento, estrés, frustración, soledad, cansancio o celebración. Ignorar esa dimensión emocional puede convertir cualquier plan nutricional en una lucha constante.
«Muchas decisiones alimentarias no nacen del estómago, sino del estado emocional», afirma Berniger.
Por eso el Método Ankshu no se centra únicamente en qué alimentos aparecen en el plato. Su planteamiento busca comprender qué ocurre antes de comer, qué necesidad intenta satisfacer la persona y qué patrones se repiten en determinadas situaciones.
La culpa, además, puede intensificar el problema. Después de comer algo que se considera prohibido, algunas personas interpretan que ya han arruinado todo el esfuerzo y abandonan por completo.
«La culpa lleva al pensamiento de "ya lo he hecho mal", y desde ahí muchas personas abandonan completamente. El cambio duradero necesita compromiso, no perfección.»
Resetear el cuerpo no significa borrar las vacaciones, pasar hambre ni recurrir a una dieta milagrosa. Para David Berniger, supone ofrecer al organismo y a la mente un punto de partida más estable.
«Es recuperar descanso, reorganizar horarios, reducir el estrés fisiológico, volver a escuchar las señales del cuerpo y construir nuevos hábitos que puedan mantenerse en el tiempo.»
La propuesta cambia también la forma de medir el progreso. En lugar de observar únicamente el número de la báscula, invita a valorar la energía, el descanso, la digestión, el estado de ánimo, la fuerza y la capacidad para sostener las rutinas.
Septiembre puede convertirse así en un momento especialmente favorable para recuperar la salud, pero no porque exista una fórmula mágica asociada al calendario. Su ventaja reside en que la vuelta a los horarios permite introducir estructura. El reto consiste en utilizarla para cuidarse, no para castigarse.
Como resume David Berniger, «cuando cambian los hábitos, cambia el comportamiento. Y cuando cambia el comportamiento, cambian los resultados».