Si ya tienes las gafas para el eclipse, comprueba estas cinco cosas antes del miércoles

Las gafas para el eclipse del 12 de agosto deben utilizar filtros solares adecuados y conformes con ISO 12312-2, pero también importa comprobar su procedencia, leer las instrucciones y descartar cualquier visor rayado, perforado, roto o deteriorado

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A estas alturas, para muchos españoles la pregunta ya no es dónde conseguir unas gafas para el eclipse, sino algo bastante más sencillo: ¿son realmente seguras las que tengo en casa? A solo dos días del eclipse total de Sol del miércoles 12 de agosto de 2026, merece la pena dedicar unos minutos a examinarlas. Porque disponer de un visor solar no es suficiente: hay que comprobar qué tenemos entre las manos y, sobre todo, utilizarlo correctamente.

La precaución cobra especial importancia ante la enorme distribución organizada para este acontecimiento. El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y el Grupo Social ONCE anunciaron el reparto gratuito de dos millones de gafas seguras: 1,7 millones a través de la ONCE y otras 300.000 mediante la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).

El motivo justifica el despliegue. España será uno de los grandes escenarios mundiales del eclipse total del 12 de agosto, cuya franja de totalidad atravesará buena parte del país al atardecer.

Comprobar las gafas para el eclipse: ISO 12312-2 es el primer dato que debes conocer

El nombre que se repetirá estos días es ISO 12312-2, el estándar internacional aplicable a filtros destinados a la observación directa del Sol sin aumento. Tanto NASA como la American Astronomical Society (AAS) recomiendan utilizar visores solares que cumplan este estándar.

Pero aquí aparece un detalle importante: leer "ISO 12312-2" en unas gafas no demuestra automáticamente que sean auténticas y seguras.

La AAS advierte expresamente de que cualquiera puede imprimir una referencia a la norma sobre un producto o su embalaje. La forma de tener garantías pasa por conocer la procedencia del visor y recurrir a fabricantes que hayan acreditado mediante ensayos realizados en laboratorios debidamente acreditados el cumplimiento de los requisitos correspondientes.

Por eso, además de buscar la referencia a ISO 12312-2, conviene identificar al fabricante, revisar la información que acompaña al producto y desconfiar de visores de procedencia desconocida cuya única garantía sea una inscripción impresa.

Gafas para el eclipse rayadas: el pequeño defecto que no deberías ignorar

Aquí la recomendación resulta especialmente contundente. NASA aconseja inspeccionar siempre las gafas o el visor solar antes de utilizarlos y desecharlos si están rayados, rotos o presentan cualquier otro daño. La AAS amplía la advertencia a perforaciones, desgarros o filtros que estén desprendiéndose de la montura.

Es decir, si al sacarlas del cajón aparece una raya que genera dudas, una pequeña perforación, una zona deteriorada o el filtro no está correctamente sujeto, no merece la pena experimentar.

La razón está en la propia función del producto. Las gafas para eclipses no son unas gafas de sol especialmente oscuras. Los visores solares seguros son miles de veces más oscuros que unas gafas de sol convencionales y están diseñados específicamente para reducir la radiación solar hasta niveles adecuados para la observación directa.

De ahí que tampoco sirva ponerse dos pares de gafas de sol, utilizar cristales ahumados o recurrir a soluciones improvisadas.

Captura del mapa oficial de la Junta de Castilla y León que muestra los puntos de visualización recomendados para seguir el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 en la provincia de León.Junta de Castilla y León

Cómo comprobar las gafas para el eclipse sin empezar mirando al Sol

Existe además una comprobación preliminar que puede revelar rápidamente que un visor no es adecuado. Y empieza dentro de casa, no mirando directamente al Sol.

La American Astronomical Society recomienda ponerse el visor en interiores y observar el entorno. Con unas gafas solares adecuadas no deberíamos distinguir los muebles, las paredes ni los objetos de la habitación. Como mucho, algunas fuentes luminosas extraordinariamente brillantes podrían resultar visibles, pero deberían percibirse muy tenues. Si podemos movernos por una habitación viendo normalmente a través de ellas, las gafas no son suficientemente oscuras para observar el Sol.

Si superan esa primera comprobación, la AAS propone salir al exterior con ellas puestas y observar el entorno sin mirar todavía directamente al Sol. De nuevo, prácticamente nada debería ser visible, salvo quizá reflejos solares muy intensos, y aun así tendrían que apreciarse débiles.

Esta prueba sirve para detectar un visor evidentemente inadecuado, pero tiene una limitación crucial: no permite certificar que unas gafas sean seguras. Un filtro puede parecer suficientemente oscuro y, aun así, no ofrecer las garantías necesarias frente a radiaciones no visibles. Por eso la procedencia y la conformidad real con el estándar siguen siendo fundamentales.

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Cómo ponerse las gafas para el eclipse: el orden también importa

Tener unas gafas adecuadas y utilizarlas mal es otro riesgo evitable. La secuencia recomendada por la AAS es sencilla: hay que permanecer quieto, cubrirse los ojos con las gafas para eclipses antes de mirar hacia el Sol y solo entonces levantar la vista. Cuando queramos dejar de observarlo, primero apartamos la mirada y después nos quitamos el visor.

El gesto evita esos segundos aparentemente insignificantes en los que los ojos pueden quedar expuestos directamente a la luz solar.

En un eclipse total existe una excepción muy concreta. Solo quienes se encuentren dentro de la franja de totalidad pueden retirar la protección durante el breve periodo en el que la Luna cubre completamente la cara brillante del Sol. En cuanto reaparece cualquier parte del Sol, hay que volver a utilizar inmediatamente el visor. Fuera de esa franja no existe ningún momento en el que sea seguro mirar directamente sin protección.

Gafas para el eclipse y gafas graduadas: no tienes que quitártelas

Para quienes utilizan gafas graduadas habitualmente, la solución es mucho más sencilla de lo que puede parecer. No hay que quitárselas.

La recomendación de la AAS es mantener las gafas graduadas puestas y colocar las gafas especiales para el eclipse por encima, o situar delante de ellas un visor solar manual adecuado.

También pueden compartirse unas gafas entre varias personas siempre que cada usuario siga correctamente el procedimiento y el filtro continúe intacto. De hecho, la AAS recuerda que las fases parciales evolucionan lentamente y no es necesario observarlas continuamente, por lo que no todos los integrantes de un grupo necesitan necesariamente disponer de su propio visor.

Con los niños, sin embargo, hay que extremar la supervisión para asegurarse de que no se retiran las gafas mientras siguen mirando hacia el Sol.

Las gafas para el eclipse no sirven delante de prismáticos, cámaras o telescopios

Este es probablemente uno de los errores más peligrosos que pueden cometerse el miércoles: ponerse las gafas para eclipses y mirar después a través de unos prismáticos, una cámara o un telescopio sin filtro solar específico. No debe hacerse.

NASA advierte de que la radiación solar concentrada por estos instrumentos puede atravesar o dañar el filtro de las gafas y provocar lesiones oculares graves. Los telescopios, prismáticos y objetivos fotográficos requieren filtros solares específicos correctamente instalados delante de la óptica, no unas gafas colocadas entre el instrumento y nuestros ojos. Tampoco las gafas de sol convencionales constituyen una alternativa, independientemente de lo oscuras que sean.

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El miércoles habrá muchas cosas que mirar. La primera, paradójicamente, deberían ser las propias gafas.