La recomendación para bajar la tensión ya no se limita a comer menos sal: falta mirar este mineral

Un nuevo trabajo liderado por investigadores de la Universidad de Vermont propone dar más protagonismo a otro mineral en las recomendaciones sobre presión arterial

El problema no está únicamente en la sal que añadimos al plato: buena parte del sodio puede proceder también de alimentos procesados y preparados.Unsplash

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Durante años, uno de los consejos más repetidos para controlar la presión arterial ha sido sencillo: comer menos sal. Y sigue siendo válido. La Organización Mundial de la Salud recomienda reducir el consumo de sodio porque un exceso favorece la hipertensión y aumenta el riesgo cardiovascular. Pero un trabajo publicado en 2026 en The American Journal of Clinical Nutrition propone ampliar el foco: además de vigilar cuánto sodio consumimos, conviene prestar más atención al potasio y, especialmente, a la relación entre ambos minerales.

La propuesta está liderada por Naomi Fukagawa, investigadora vinculada a la Universidad de Vermont, junto a otros especialistas. Los autores defienden que las estrategias de salud pública han puesto tradicionalmente el acento en reducir el sodio, mientras que la evidencia sobre el papel del potasio en la regulación de la presión arterial está ganando peso. Su planteamiento no consiste en sustituir una recomendación por otra, sino en combinar ambas: menos exceso de sodio y suficiente potasio procedente fundamentalmente de los alimentos.

Potasio y sodio: por qué ambos influyen en la presión arterial

El sodio y el potasio participan en funciones esenciales del organismo, entre ellas el equilibrio de líquidos, la transmisión nerviosa y la contracción muscular. El problema aparece cuando la dieta aporta demasiado sodio y demasiado poco potasio, una combinación frecuente en patrones alimentarios con abundancia de productos ultraprocesados y escasa presencia de frutas, verduras y legumbres.

El potasio puede ayudar a amortiguar parte de los efectos del sodio sobre la presión arterial. La American Heart Association explica que favorece la eliminación de sodio a través de la orina y también contribuye a relajar las paredes de los vasos sanguíneos. Ambos mecanismos pueden ayudar a reducir la presión arterial.

Eso no significa que el potasio «neutralice» cualquier cantidad de sal ni que permita ignorar el sodio. La OMS sigue recomendando para los adultos menos de 2 gramos de sodio al día, equivalentes aproximadamente a 5 gramos de sal. Al mismo tiempo, recomienda aumentar la ingesta de potasio procedente de alimentos y sitúa como referencia al menos 3.510 miligramos diarios en adultos.

Potasio y presión arterial: la propuesta es mirar la relación con el sodio

Uno de los aspectos más interesantes del nuevo trabajo es precisamente dejar de analizar sodio y potasio como dos compartimentos completamente independientes.

Los investigadores sostienen que la relación entre ambos puede ofrecer información útil sobre el riesgo de hipertensión y sobre la calidad global de la alimentación. Existe además literatura previa que ha observado que la proporción sodio-potasio puede asociarse con la presión arterial de forma más estrecha que cualquiera de los dos nutrientes considerados de manera aislada, especialmente en personas con hipertensión.

La idea cambia ligeramente la pregunta cotidiana. En lugar de pensar únicamente «¿cuánta sal estoy tomando?», habría que añadir otra: «¿cuántos alimentos ricos en potasio estoy comiendo?».

Ese cambio importa porque retirar el salero de la mesa no siempre resuelve el problema del sodio. Una gran parte puede proceder de alimentos preparados, embutidos, salsas, panes, quesos y otros productos procesados. Al mismo tiempo, una dieta pobre en vegetales puede quedarse corta de potasio.

Reducir el exceso de sodio sigue siendo una recomendación fundamental para controlar la presión arterial, aunque la evidencia también pone el foco en aumentar el potasio procedente de los alimentos.Unsplash

Potasio y presión arterial: los alimentos cotidianos son la primera opción

La buena noticia es que aumentar el potasio de la dieta no exige necesariamente recurrir a suplementos ni a alimentos especialmente exóticos.

Patatas, legumbres, verduras de hoja verde, tomates, frutas como naranjas o plátanos y determinados lácteos son fuentes habituales de potasio. La American Heart Association incluye también boniato, judías, melón y yogur entre los alimentos que pueden contribuir a aumentar su consumo.

Frutas como el plátano aportan potasio, un mineral que ayuda a equilibrar parte del efecto del sodio sobre la presión arterial dentro de una dieta saludable.Unsplash

El enfoque resulta además coherente con patrones dietéticos como DASH, diseñados precisamente para mejorar la presión arterial mediante una alimentación rica en frutas, verduras y otros alimentos mínimamente procesados, junto con una reducción del sodio. Ensayos clásicos han demostrado que este patrón puede disminuir la presión arterial incluso cuando se compara dentro de diferentes niveles de ingesta de sodio.

Eso sí, no todas las personas deberían aumentar el potasio por su cuenta. Quienes tienen enfermedad renal, determinadas enfermedades cardiovasculares o utilizan medicamentos que alteran la regulación del potasio pueden desarrollar niveles excesivamente altos en sangre, una situación conocida como hiperpotasemia que puede ser peligrosa.

También existen medicamentos antihipertensivos que modifican el equilibrio de potasio. Entre ellos se encuentran algunos fármacos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina, por lo que cualquier cambio importante en la dieta o el uso de suplementos debería comentarse con un profesional sanitario.

Los sustitutos de la sal con potasio pueden ayudar, pero no sirven para todos

Otra consecuencia práctica de este enfoque son los sustitutos de la sal en los que parte del cloruro de sodio se reemplaza por cloruro de potasio.

La evidencia es interesante. El gran ensayo SSaSS, realizado en China y publicado en The New England Journal of Medicine, encontró que un sustituto compuesto por un 75% de cloruro de sodio y un 25% de cloruro de potasio redujo eventos cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares en una población de alto riesgo.

Pero tampoco aquí existe una recomendación universal. La American Heart Association recuerda que estos productos pueden elevar peligrosamente el potasio en personas con enfermedad renal o que toman determinados medicamentos o suplementos.

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Por eso sustituir automáticamente la sal convencional por una enriquecida con potasio sin conocer el estado renal o la medicación no es una buena idea.