Los expertos analizan el desplome del aceite de oliva y su impacto de cara al próximo año
Tras superar los peores años de la crisis de precios y la sequía, el mercado del "oro líquido" experimenta un respiro para los consumidores, aunque en las zonas productoras crece la inquietud por la rentabilidad de las explotaciones agrarias
El sector del aceite de oliva español no se resiente.
El mercado del aceite de oliva atraviesa un punto de inflexión que está acaparando el debate entre analistas, productores y consumidores. Después de varias temporadas marcadas por una volatilidad extrema, una escalada histórica de costes y los estragos de la sequía, los precios han emprendido una senda a la baja que devuelve un cierto desahogo a los carritos de la compra. Sin embargo, este descenso no se vive con la misma alegría en todos los eslabones de la cadena alimentaria.
Los expertos señalan que el incremento de la producción y la mejora en las perspectivas de cosecha han sido los principales motores de esta corrección a la baja. Tras tocar máximos que llegaron a asfixiar la demanda, el litro en origen ha ido cediendo terreno, acercando un escenario de mayor estabilidad que el sector llevaba años reclamando. A pesar de ello, el ritmo al que se trasladan estas bajadas al consumidor final sigue generando debate, al igual que la asimetría entre lo que percibe el agricultor y lo que paga finalmente el ciudadano.
De cara al próximo año, el foco de los especialistas se centra en la incertidumbre climática y en la viabilidad del sector primario. Si bien la moderación de los precios es una excelente noticia para los hogares, los productores advierten de que márgenes excesivamente ajustados pueden comprometer la rentabilidad de las próximas campañas. El gran reto actual pasa por equilibrar un mercado sostenible: que el consumidor pueda permitirse comprar aceite sin que ello suponga ahogar económicamente a quienes trabajan la tierra.