Diario de León

Los tumores ginecológicos son la tercera causa de cáncer en la mujer después del de mama y de colon

La detección precoz reduce un 75% los casos de cáncer de cuello uterino Demuestran que un gen da resistencia a las células cancerígenas

Los médicos aconsejan aumentar las campañas de prevención a la población de riesgo

Servicio de oncología médica del Hospital de León

Servicio de oncología médica del Hospital de León

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Carmen Tapia - león europa press | madrid

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La incidencia del cáncer de cuello uterino o cáncer de cervix ha descendido un 75% en León gracias a las técnicas de detección precoz, por lo que ha dejado de ser el tumor más frecuente del tracto genital femenino, según datos facilitados a este periódico por el doctor Luis M. González de Sande, que participó en una de las sesiones clínicas sobre el cáncer que se están desarrollando en el Hospital de León. Este cáncer está relacionado con el virus del papiloma humano, presente en el 93% de las lesiones precancerosas y en prácticamente todos los cánceres de cervix. Su incidencia es de 5-13 casos por cada 100.000 habitantes al año. La mejor forma de detectarlo en fases iniciales son las revisiones ginecológicas periódicas en las mujeres sexualmente activas. El doctor De Sande explica que el tratamiento en estados iniciales es quirúrgico. Cuando el tumor es visible macroscópicamente la quimioterapia consigue resultados similares a las cirugías más agresivas. El tratamiento de quimioterapia es el mayor avance terapéutico con beneficio demostrado con respecto al tratamiento de radioterapia, «Nuestras pacientes precisan completar el tratamiento radioterápico fuera del Hospital de León por no disponer de braquiterapia», afirma De Sande, quien asegura que los especialistas de León recomiendan orientar las campañas de diagnóstico a las poblaciones de alto riesgo al tiempo que dice desconocer la incidencia de este tumor en poblaciones inmigrantes. La supervivencia global de las pacientes con cáncer de cervix a los cinco años es del 65%. Los más frecuentes Los tres cánceres ginecológicos más frecuentes del aparato genital femenino son los que afectan al cuerpo, cuello uterino y a los ovarios. Estos tres tumores representan la tercera causa de cáncer en la mujer después del de mama y el de colon. El cáncer de mama, desde el punto de vista oncológico, no se considera un cáncer ginecológico porque si bien es mayoritariamente femenino, no es exclusivo de la mujer. El más frecuente de los tumores femeninos en León es el que afecta al cuerpo del útero, conocido como cáncer de endometrio, con una incidencia de 17 casos por 100.000 habitantes al año. Se presenta sobre todo en mujeres postmenopáusicas entre los 55 y 65 años. Su síntoma más frecuente es el sangrado conocido como metrorragia. La mayoría son curables con cirugía y un 33% precisa tratamiento posterior con radioterapia. En fases avanzadas de la enfermedad es posible utilizar tratamientos hormonales y quimioterapia para mejorar los síntomas. «Actualmente hay mucha discusión sobre el aumento de cánceres de endometrio en las pacientes que están tomando tamoxifeno por cáncer de mama, aunque el riesgo es real, también es verdad que es un riesgo controlado y que el tamoxifeno tiene un beneficio demostrado en prevención y tratamiento no sólo en el cáncer de mama sino otros problemas en la mujer, como la osteoporosis», asegura el doctor De Sande. La suspervivencia global de estas pacientes a los cinco años es del 75%. Un equipo de científicos del Instituto «Cajal» del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), dirigido por Ángela Nieto, ha demostrado que una familia de genes, denominada Snail, confiere a las células cancerígenas resistencia a su destrucción, según un trabajo publicado recientemente en la revista Genes and Development . La investigación concluye que los genes Snail actúan de forma «natural y beneficiosa» durante el desarrollo embrionario, pero pueden activarse patológicamente durante la edad madura, facilitando a diversos tumores la capacidad de formar metástasis y confiriendo a sus células resistencia a la destrucción. Además de posibilitar que las células se muevan, esta proteína las mantiene vivas, según el estudio. Nieto destacó que «el trabajo abre importantes expectativas en el tratamiento del cáncer, aunque habría que descubrir una molécula capaz de inactivar la función de este gen, impidiendo el movimiento de las células cancerígenas, y favoreciendo su sensibilidad». En concreto, la investigadora destacó el conocimiento que aporta este trabajo sobre el proceso de malignización tumoral que resulta en la formación de metástasis. El equipo de Ángela Nieto -que lleva 12 años trabajando en el aislamiento y la caracterización de este tipo de genes- ya había demostrado que la principal función del Snail es inducir el movimiento de las células desde su lugar de origen a otras zonas. Desarrollo embrionario Este proceso ocurre de forma natural durante el desarrollo embrionario, siendo el responsable de que se formen diversos componentes del sistema nervioso, músculos y huesos. Además, el fenómeno ocurre igualmente durante la diseminación de un tumor, siendo también los genes Snail los que se encargan de este procedimiento, precisó la investigadora. Para la formación de los tejidos y de las metástasis se necesita que las células (embrionarias o tumorales) lleguen a su destino, y han de asegurarse su supervivencia en el camino, favorecida por esta proteína. El trabajo -realizado en colaboración con la investigadora de la Universidad Complutense de Madrid, Isabel Fabregat- tiene importantes implicaciones para conocer el comportamiento tanto de las células embrionarias como de las células cancerígenas, concluye la experta.

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