| Reportaje | Refugio nocturno para transeúntes |
Un techo para espantar la helada Un legado caído del cielo La huella de Federico Ozanam en la sociedad del siglo XXI
El centro Calor y Café reabre sus puertas para acoger a los sin techo en las frías noches leonesas con unas nuevas instalaciones en la calle San Pedro que han costado 80.000 euros

Los muebles cama han sido realizados por el taller de la casa hogar
Abre de nueve a nueve y de octubre a mayo. Calor y café da cobijo a los sin techo durante las crudas noches de invierno. Y todas las noches cuelga el cartel de completo. Desde su apertura, en diciembre de 2002, 83 personas distintas encontraron refugio en el local de la parroquia de San Martín cedido por el Obispado y gestionado por la Sociedad San Vicente de Paul. El centro Calor y Café estrena esta semana unas nuevas instalaciones en la casa adquirida en la calle San Pedro, 19. No ha abierto aún las puertas oficialmente, pero ya tiene el cupo completo porque el «boca a boca» funciona como un gran medio de comunicación entre la población «sin techo» de la ciudad, asegura su director Francisco Martínez. El nuevo albergue cuenta con una sala de estar, camas en dependencias separadas para hombres y para mujeres, fabricadas en el taller de la casa hogar, duchas y cuartos de baño. Además de ganar en comodidad y «dignidad», subraya, el centro duplica las plazas disponibles hasta ahora y pasa de 11 a 21 (18 para hombres y tres para mujeres). Calor y café surgió del frío invierno del 2000. Las temperaturas descendieron aquel año por debajo de los 10 grados bajo cero y se comprobó que a pesar de haber plazas vacantes en el albergue municipal había personas que soportaban las heladas a la intemperie, protegidos a lo sumo por el techo de un portal y cuatro cartones. «Son personas que no admiten ningún tipo de disciplina y tampoco pueden dormir todas las noches en el albergue porque hay un límite de tres días», precisa Martínez, quien promovió una reunión entre «organizaciones interesadas en el amor prójimo» porque «como cristianos pensé que no podíamos quedar indiferentes ante esa situación». Dos años después se abrió el centro en un local cedido por el Obispado de León y atendido por voluntarios de la Obra Social Franciscana, la Asociación Leoensa de Caridad, Cáritas, Maristas, Salesianos, Carmelitas, Jesuitas, Asociación Internacional de Caridad, Hijas de la Caridad, seglares, párrocos y la Sociedad de San Vicente de Paul. «La principal y única finalidad es la de acoger, en horario nocturno, a personas sin techo para aliviarles del frío que se padece en nuestra ciudad», explica. Muchos de estos transeúntes, que no aceptan llevar una vida normalizada, sufren alcoholismo o adicción a otras drogas. El centro se denomina de «baja exigencia» precisamente porque no plantea objetivos ambiciosos con los usuarios; «las personas que acuden aquí sólo buscan recogerse durante la noche». Los voluntarios comparten con ellos las tres primeras horas de apertura del centro, entre las nueve y la medianoche, y les ofrecen café y galletas, conversan con ellos o juegan a las cartas o al dominó. También hay televisión, prensa y los utensilios necesarios para asearse y acostarse a descansar. El centro, cuyas obras han costado 80.000 euros sufragados por Caja España y un legado particular, se ubica en la misma vivienda que la casa hogar de San Vicente de Paul, pero en dependencias separadas entre sí pues los usuarios de la casa están en un proyecto de reinserción social a través del taller de carpintería o de trabajos en el exterior. Este centro se abrió en 1996 y también es dirigido por Francisco Martínez de la Torre. El legado que Purificación Álvarez Quirós decidió otorgar a la Sociedad de San Vicente de Paul es el que ha hecho posible afrontar la obra de reforma en la casa hogar de la calle San Pedro y habilitar nuevos espacios para el proyecto de Calor y Café. Gracias a esta herencia, la sociedad pudo adquirir la vivienda que tenían cedida en uso por Caja España, aunque finalmente la entidad bancaria también contribuye con una ayuda a sufragar la remodelación que,sin tener la propiedad, no hubiera podido plantearse, subraya Francisco Martínez de la Torre. La nueva casa, que también mejora las instalaciones del centro ocupacional para transeúntes, se inaugura mañana por la tarde en un acto al que la sociedad ha querido invitar a todas las organizaciones y personas que a lo largo de estos dos últimos años han colaborado en la atención a los transeúntes como voluntarios. Para los transeúntes el centro se reabre para todo el invierno hasta mayo a partir del jueves. Es una instalación de temporada, puesto que cuando la climatología es más benigna «prefieren moverse por la calle o marchar a otras ciudades a pasar el verano». Con la ampliación de plazas se espera cubrir la demanda existente en la ciudad. Durante las dos temporadas que ha funcionado los transeúntes se rotaban entre sí para que ninguno pasara demasiados días durmiendo a la intemperie cuando había más demanda de plazas. La mayoría usan el comedor de la Asociación Leonesa de Caridad. La Sociedad de San Vicente de Paúl data de 1833, en Francia. Un estudiante de 20 años, Federico Ozanam, junto a otros compañeros, decidieron hacer algo frente a la situación miserable que atravesaba una gran parte de la población. Su primera acción fue llevar leña a una de estas familias desamparadas. En León, la sociedad nació en 1857, según consta en el Consejo Internacional de París. La concepción de los servicios sociales como un derecho no ha puesto fin a la misión de esta sociedad caritativa que, además de los «sin techo de Calor y Café y la casa hogar San Vicente, trabaja con menores en el centro Ozanam (comedor escolar, clases de apoyo y ocio) y, de forma silenciosa y anónima, con familias necesitadas. La sociedad es de confesión católica, aunque atiende a toda la población y recibe ayudas tanto públicas (Ayuntamiento de León, Gerencia de Servicios Sociales de la Junta y Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales) como privadas. Se organiza a través de conferencias, grupos de seis a doce personas que se reúnen todas las semanas. En León existen quince conferencias de San Vicente de Paul.