Diario de León

Milagros Pérez Presa

«Aún falta que la sociedad rechace al maltratador»

A diecisiete años de la apertura del primer refugio para víctimas de malos tratos en León todavía hay asignaturas pendientes

Milagros Pérez Presa

Milagros Pérez Presa

Ana Gaitero
León

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En las últimas dos décadas su mirada se ha cruzado, sin juzgar, con los rostros tristes, abatidos y a veces hasta avergonzados de 300 mujeres, con sus hijos e hijas, víctimas de malos tratos. Milagros Pérez Presa, de 56 años, ha sido, desde 1987 hasta hace poco, directora de la casa de acogida Simone de Beauvoir un centro pionero en León. -¿Fue un comienzo solitario? -Empezamos en soledad y con mucha ignorancia. La casa se concibió como un refugio en el que las mujeres pudieran solucionar su problema legal. Recuerdo que con la Ley del Divorcio recién estrenada eran muchas las mujeres con antecedentes y situaciones de malos tratos que se acercaban a nuestra asociación (Flora Tristán) para informarse sobre la separación. Fue así como detectamos la necesidad y fundamos Simone de Beauvoir cuando nos ofrecieron gestionar una casa. Se había creado recientemente el Instituto de la Mujer, en 1985 se celebró la conferencia de Nairobi, donde ya se habló más del problema y en España se editó el libro sobre los malos tratos. Pero no se consideraba un problema social. -¿Existe hoy la conciencia social necesaria? -Ha habido muchos cambios en estos 18 años, pero todavía hoy es dificilísimo, por ejemplo, que salvo la familia más cercana, haya gente que se atreva a ir a testificar a un juicio. Ya nadie se atreve a decir, en público, que es un problema privado. Pero realmente, los hechos no cambian demasiado. Cambiará cuando ese hombre maltratador sea rechazado por sus vecinos. Cuando la sociedad sea capaz de rechazar al maltratador y apoyar a la víctima será cuando realmente habrá alcanzado la categoría de problema social. -Muchas mujeres han vencido el miedo a denunciar, en esto se ha avanzado. ¿Y en qué más? _Cada vez hay más hombres que rechazan la violencia hacia las mujeres, pero el maltratador sigue intentando justificarse: «yo la había dicho que... No me hace caso» o «ha llegado tarde a casa...» Es un tema educacional. El que agrede, agrede por lo mismo que hace veinte años. Porque se siente con poder sobre la mujer. -También hay más protección para las víctimas y cobertura social. ¿Se puede pedir más? -Hace cuatro años nos peleábamos para que las mujeres pudieran beneficiarse del ingreso mínimo de inserción mientras estuvieran en la casa de acogida porque cuando salían no tenían lo mínimo necesario para pagar un alquiler y todo lo que conlleva independizarse. Ahora, con la renta activa de inserción, la RAI, se dan algunas contradicciones no siempre justas. Las que cobran alguna prestación pública están excluidas, pero no las que tienen una pensión de alimentos. Otro problema es la atención a los menores: desde que las guarderías pasaron de Bienestar Social a Educación en la Junta no hay reserva de plazas en guarderías. Para ella todavía es una interrogante «por qué hay mujeres que rechazan el maltrato desde el primer momento y otras los soportan durante años». También echa en falta, en León, la voz de las víctimas, a pesar de que hay cuatro casas de acogida y un centro de emergencia.

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