El 6% de los mayores de 65 años cuida a sus parejas o a otros familiares
Los abuelos y abuelas españolas, que hoy martes, festividad de Santa Ana y San Joaquín, celebran su Día, hacen gala de una 'moral' a toda prueba: más del 90% de los casi 7,3 millones de mayores de 65 años se confiesa alegre y feliz, más del 80% se siente útil y el 80% se declara ilusionado. Toda una lección de optimismo en medio de un sistema económico que tiende a marginarlos bajo el imperio de 'lo joven' (no es casualidad que la pobreza aceche a entre 700.000 y 1,5 millones de personas jubiladas) y de un sistema sociopolítico que no duda en aprovechar gratuitamente su capacidad para la educación y el cuidado de niños y mayores. Los abuelos y abuelas han demostrado estar a la altura de las circunstancias y están cumpliendo sobradamente su parte de ciudadanía activa. Por un lado, como señala el reciente informe-2004 del Observatorio de Personas Mayores del Imserso, un 60% de españoles de más de 65 años se implica directamente, con mayor o menor continuidad, en el cuidado de sus nietos. Por otra parte, son muchos los que están dispuestos a echar una mano en diversas tareas: en el momento de la encuesta que sirve de base al estudio, un 6% cuidaba a adultos -la atención a sus parejas en situación de dependencia se ha hecho habitual incluso en edades muy avanzadas-, un 7% hacía reparaciones caseras o automovilísticas, un 8% mostraba sus destrezas en la confección, un 9% se las afanaba con la gastronomía y un 14% realizaba compras y gestiones. Abuelos, pues, de nuestro tiempo que asumen en primera fila su papel en el 'colchón familiar' de las crisis y conflictos, una protección que ha aportado enormes réditos a la sociedad española. Más aún, añadía la socióloga y trabajadora social Carmen Sánchez Moro, la colaboración en la tarea de educar y criar a los nietos es «más continua cuando los padres tiene alguna dificultad» por motivos de salud o laborales, y sobre todo en «otras situaciones más problemáticas o conflictivas en las que los familiares deben hacerse cargo del cuidado de los niños a causa del abandono y negligencia de los padres», como puede suceder con hijos de toxicómanos. El problema es que ese esfuerzo se hace a veces descomunal por su dificultad intrínseca y por el insuficiente apoyo de los servicios sociales, lo que recorta en la práctica sus posibilidades de ciudadanía activa.