Diario de León

Ciento cincuenta niños pierden la vida cada hora en el planeta a causa del paludismo o malaria

El 26% de la población mundial muere de enfermedades que pueden evitarse

El 64% de los fallecimientos en África son causados por las dolencias olvidadas

La educación de la población y el entrenamiento de las madres es fundamental contra la malaria

La educación de la población y el entrenamiento de las madres es fundamental contra la malaria

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A. Gaitero - menorca
León

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¿Qué sucedería si cada hora cayera al mar un avión lleno de pasajeros en el trayecto Barcelona a Mallorca y murieran todos? La pregunta fue lanzada como una punzante ironía por el profesor Janis Lazdins en el curso sobre prevención e impacto de las enfermedades tropicales en el siglo XXI celebrado la semana pasada en la Escuela de Salud Pública del Lazareto de Mahón (Menorca). Lo cierto es que, sin que nadie o casi nadie se rasgue las vestiduras, cada hora mueren 150 niños en el mundo a causa del paludismo o malaria, una enfermedad para la que existen medicamentos que «no funcionan en un contexto donde no hay farmacia y no hay médicos». Por tanto, concluyó Lazdins, «tener medicamentos únicamente no sirve». En África, el 64% de las muertes son causadas por enfermedades desantedidas. El coordinador del programa especial de la Organización Mundial de la Salud para la investigación de enfermedades tropicales (parasitarias e infecciosas) (TDR) subrayó que el 26% de la población mundial fallece a causa de infecciones y por tanto prevenibles. Sin embargo, son las enfermedades más olvidadas y desatendidas del planeta: el vih/sida, las diarreas, la tuberculosis y el paludismo o malaria causan once millones de muertes al año. Por otra parte, otras enfermedades como la hepatitis C y B, el dengue, la lepra, la encefalopatía japonesa, la oncocercosis, la leishmaniasis (lesiones en la piel), la enfermedad de Chagas y otras parasitarias no son tan impactantes por su mortalidad -cerca de dos millones de muertes al año- como por la incapacidad que generan en las personas que las sufren. Lazdins subrayó que la dramática situación no es sólo causada por falta de dinero. La falta de fondos o el uso inadecuado de estos es una de las causas, pero también la falta de investigación -VHI-sida, tuberculosis, dengue...- o los impedimientos para acceder a las poblaciones vulnerables porque no existen sistemas sanitarios organizados. Asimismo, el experto de la OMS solicitó mantener el interés por las enfermedades desatendidas más allá del sida, la tuberculosis y el paludismo porque «si desatendemos esas otras enfermedades no vamos a tener quien se ocupe de los que tienen sida, tuberculosis y paludismo», dijo en el curso organizado por la Universidad Rey Juan Carlos y Novartis, empresa farmacéutica que impulsa un centro de investigación en enfermedades tropicales en Singapur. Uno de sus compromisos es el desarrollo de fármacos contra el dengue y la tuberculosis. Un caso emblemático de integración de la investigación, añadió Lazdins, y las estrategias de impacto para llegar a la población afectada es el de la oncocercosis, una enfermedad producida por un gusano que crece en regiones donde hay ríos, muy fértiles. El general McNamara ideó un sistema para acabar con la mosca: rociar los ríos con helicópteros. Fue Merck el investigador que descubrió la utilidad de un producto veterinario para eliminar las larvas del insecto y donó la patente «hasta cuando sea necesario». Pero además se implicó a las comunidades para que administraran la medicina ante la ausencia de un sistema de salud. «Los brasileños han demostrado que el concepto de salud pública es eficaz y que había una política de Estado»

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