Diario de León

| Crónica | Alta prevalencia |

Reto sanitario penitenciario

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c.t. | león
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Veintiséis cárceles españolas participan en el estudio Ribadot en el que colaborarán 250 internos infectados con el virus de la hepatitis C. La alta prevalencia de esta enfermedad -el 33% en las prisiones españolas- la ha convertido en el nuevo reto de la sanidad penitenciaria después de la reducción de la infección por el VIH (sida) hasta un 10% en la población penitenciaria. La mitad de los infectados por el virus de la hepatitis C tienen el VIH. La hepatitis C es una infección producida por un virus denominado el virus de la hepatitis C que tiene gran afinidad por el tejido del hígado. Dicho virus se encuentra en la sangre de las personas que tienen esta enfermedad. Esta infección afecta a más de 170 millones de personas en todo el mundo, y algunas estimaciones indican que en España pueden existir 800.000 pacientes infectados, aunque muchos de ellos no lo sepan. El virus puede producir una infección aguda, que muchas veces es asintomática. Ésta se puede cronificar en un 50-70% de los casos. Un 20% de los pacientes progresará a cirrosis en los 10 años posteriores al contagio. Muchos casos de hepatitis C se diagnostican en pacientes sin síntomas que no recuerdan haber pasado una hepatitis aguda. A veces el diagnóstico se hace cuando los pacientes van a donar sangre o si se realizan análisis de rutina. El virus se contagia fundamentalmente a través de la sangre. El tratamiento farmacológico más eficaz consiste en la combinación de un fármaco antiviral denominado rivabirina (que se toma por vía oral), con el interferón pegilado, un medicamento que se pincha por vía subcutánea. Las personas que tienen más riesgo para contraer la hepatitis C son los que haya recibido una transfusión de sangre o derivados; usuarios de drogas por vía venosa; portadores de tatuajes; haber recibido inyecciones con jeringas o agujas no desechables; antecedentes de intervenciones quirúrgicas, sobre todo, cirugía mayor y personal sanitario, porque el riesgo aumenta al tener más posibilidades de pinchazos accidentales con pacientes infectados.

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