Retraso en el lenguaje, dificultades expresivas e historial familiar, muestras más tempranas
Los primeros síntomas de la dislexia se pueden detectar a partir de los tres años
El ocho por ciento de la población escolar, una persona por clase, sufre el trastorno
El mal conocimiento entre familias y profesionales es una de las principales dificultades a las que se enfrenta la dislexia para su tratamiento certero, además de la falta de atención específica por parte del sistema educativo. Se calcula que este trastorno afecta a una persona por cada clase, es decir, aproximadamente el ocho por ciento de la población escolar. La dimensión del problema no es sólo cuantitativa, sino también cualitativa. La dislexia es uno de los causantes del fracaso escolar, pese a afectar a niños y niñas cuyo coeficiente intelectual es medio e incluso alto. Además, tiene otros efectos en el desarrollo de la infancia: provoca falta de autoestima y ansiedad. Según la psicóloga Raquel Poy Castro, la dislexia es una dificultad que afecta a las habilidades lingüísticas asociadas a la lectura y a la escritura, especialmente a la discriminación fonológica, la descodificación y la memoria a corto plazo, lo que produce inseguridad entre las personas que la padecen. Para hacer un diagnóstico de dislexia es necesario tener en cuenta algunas circunstancias, en particular, que la persona tenga una inteligencia normal o superior al WISC (un tipo específico de test científico), presente un retraso en la lectura de al menos dos años, se desenvuelva en un ambiente socioeconómico normalizado con escolarización adecuada, tenga capacidad para discriminar visual y auditivamente y no sufra problemas psíquicos ni neurológicos. Según la experta, en principio la dislexia no tiene un origen neurológico, pero sí puede estar relacionado con antecedentes familiares porque al parecer existe un componente genético en la dislexia. Su causa, hasta donde se sabe en la actualidad, estriba en un «funcionamiento diferente de los dos hemisferios cerebrales». En este sentido, la catedrática de Sociología y presidenta de la asociación leonesa «Superar la dislexia», Ana Isabel Blanco, subraya que «no es un trastorno psíquico, pero sí causa de baja autoestima porque presenta comportamientos en el aula que empiezan a ser vistos por los demás como raros». La clave de la dislexia es que las personas que la padecen tienen «una percepción diferente, ven en planos distintos». añade. Las personas afectadas suelen decir «se nos mueven las letras» porque en su percepción realmente se produce ese movimiento que no ven las demás personas. La detección precoz de la dislexia es una de las claves de su tratamiento adecuado. Se estima que entre los tres y seis años puede realizarse el diagnóstico y determinar si se trata de un problema funcional o madurativo. Los síntomas más relevantes son a estas edades son: retraso en el lenguaje, dificultades expresivas ocasionales, así como para identificar las letras y sus sonidos asociados, antecedentes familiares con problemas de lectoescritura. A edades más avanzadas se presentan, además, dificultades para leer palabras familiares y lectura con errores, laboriosa y lenta. Esto supone que cada que se enfrentan a la lectura sufren ansiedad y piensan que «son tontos». Es la denominada «indefensión aprendida». También presentan dificultades de motricidad fina y gruesa, así como problemas ortográficos severos.