| Crónica | Reconquistar la independencia |
La autonomía no se regala
Las responsables de casas de acogida reconocen que las ayudas a las mujeres han mejorado, pero lamentan los obstáculos para rehacer sus vidas solas: alquileres altos y horarios imposibles
Hay una cosa clara: «Las ayudas a las mujeres víctimas de malos tratos han mejorado en estos últimos años». Lo reconoce María Jesús Blanco, directora de la casa de acogida de la asociación Simone de Beauvoir en León, pero «eso no quiere decir que lo tengan fácil para rehacer sus vidas cuando salen de aquí, para nada», matiza. En esto están de acuerdo en todas las casas de acogida de León. «Encontrar una casa de alquiler asequible y conciliar los horarios laborales de las mujeres con los de los colegios y guarderías de sus hijos e hijas no es tarea fácil», precisa Ana García, directora de la casa de la Fundación de Madres Solteras Isadora Duncan. «La gente no se fía, te piden nómina o aval bancario y 700 euros de fianza incluso en la Cámara de la Propiedad y es muy complicado porque hay muchas mujeres que viven de apaños, como la renta activa de inserción y trabajos por horas que son difíciles de justificar», explica. Sería útil, agrega García,que la ayuda a la emancipación «se pudiera gestionar un mes antes de la salida para que sea realmente efectiva». Muchas mujeres se ven abocadas a compartir piso con otras familias para salir adelante. Pero si el cobijo es un gran obstáculo, los problemas de conciliación no son menores. «Mientras están en la casa se hace lo imposible para darles apoyo, pero una vez que salen son mujeres que no tienen familia ni amistades en las que apoyarse para el cuidado de sus hijos e hijas». En este sentido, echan en falta más flexibilidad de horarios laborales, a mayores de los recursos públicos -horarios más amplios en las guarderías- que contribuyan a la inserción. «Es una ayuda más que útil, aunque cuando salen de la casa se intenta que hayan ahorrado dinero para empezar de nuevo. Es una pena que no tengan derecho a ella las mujeres sin papeles», lamenta la directora de una casa de acogida de la provincia.