Diario de León

| Entrevista | José Ramón Gamo |

«Una educación más vivencial mejora la hiperactividad en el aula»

El experto considera excluyente el apoyo terapéutico a alumnado con déficit de atención fuera del aula y reclama que los especialistas entren en clase para realizar su labor

José Ramón Gamo es uno de los expertos que ha participado en las jornadas de Alenhi en León

José Ramón Gamo es uno de los expertos que ha participado en las jornadas de Alenhi en León

Ana Gaitero
León

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José Ramón Gamo es director técnico de la Fundación Educación Activa, que trabaja con alumnado con necesidades educativas especiales y, en particula, con niños y niñas con trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH). La semana pasada participó en las jornadas que organiza Alenhi dirigidas a profesorado. Hoy se cierra el ciclo en el colegio público La Palomera con una charla de la psicóloga de la asociación, María del Mar Aller, dirigida a las familias, a partir de las 18,00 horas en el salón de actos del centro. -¿Hay sobrediagnóstico del TDAH? -Ni son todos los que están ni están todos los que son. Hay sobrediagnóstico porque la misma clínica del TDAH (alta distrabilidad, impulsividad e inquietud motora) es compartida por depresión y ansiedad infantil. El trastorno de hiperactividad debuta entre los dos y los siete u ocho años, así que si de repente aparecen estos síntomas en un niño de nueve años que nunca los ha tenido podemos estar ante un trastorno de ansiedad o un trastorno depresivo, cada vez más prevalentes en la población infantil. Pero a la vez hay infradiagnóstico porque hay niños con la afectación catalogados de otros problemas. -Si el debut de la enfermedad es tan temprano. ¿Debería haber una especial atención de los equipos de orientación para hacer un diagnóstico temprano? -El filtro principal es pediatría y la escuela. La identificación antes de seis años es muy compleja porque todos los niños de 0 a 6 años presentan de forma normativa seis de los nueves síntomas del déficit de atención con impulsividad.Tiene que tener una afectación bastante severa. Por debajo de seis años es muy difícil medicar, porque no existen estudios probados, salvo en casos muy extremos: conductas disruptivas y violentas, aislamiento... Hay que empezar con las medidas de entrenamiento familiar porque las normas a aplicar son iguales con independencia de que sea o no hiperactivo. -¿Esta dificultad del diagnóstico genera miedo e incertidumbre en las familias? -Hay los dos extremos: la familia que normaliza cuando el profesor ve que hay problema y la que ve patología donde no la hay. El siete por ciento de la población mundial tiene este síndrome; luego, en un aula de 25 niños habrá 1,5. Cuandoo alguien diga que en su clase la mitad son hiperactivos pensaremos que tiene un niño y medio hiperactivo y el resto mal socializados. Hay que tener en cuenta la frecuencia y la intensidad de los síntomas: todos los niños se distraen ante tareas no motivadoras ni entretenidas; pero hay niños que , aun queriendo estar atentos, no puedem. Todos tienen conductas de impulsividad -hasta los diez u once años son muy emocionales- pero si salta por todo, se frustra por pequeñas cosas y eso es lo que le define, ya no es normal. -¿La detección de casos de TDAH en el aula se debe tener en cuenta para bajar la ratio? -Cada hiperactivo es un mundo. Hay muchos niños con una integración en el aula muy buena y no suponen una carga especial, pero la mayoría tienen bajo rendimiento escolar, se distraen, molestan a compañeros... Habría que bajar la ratio del aula, pero no por el hiperactivo, sino por la mejora de la calidad educativa. Las medidas que requieren estos niños son integradoras: es mucho mejor el trabajo de un profesor terapeuta dentro del entorno de aula con el resto de compañeros, que el trabajo de forma individualizada. Los países que aplican las medidas integradoras están obteniendo mejores resultados a nivel de integración y de rendimiento académico en el niño TDAH, mientras que España utiliza una medida excluyente al sacar al niño del entorno del aula y ponerlo con un especialista. -Hay familias preocupadas por sus criaturas, sin hiperactividad, escolarizadas junto a quienesla sufren. ¿Qué hay que hacer? -Lo mejor es hacerlo bien con el niño hiperactivo. Soy partidario de explicar al grupo escolar qué es lo que le pasa al compañero, aunque es una medida criticada. Si no, van a hacer una interpretación de lo que creen que le pasa a ese chaval (es tonto, porque suspende; es malo, porque se pelea o tiene enfrentamientos con el profesor...) Hay que comunicar en las tutorías cuál es el problema que tiene un hiperactivo, explicar cómo se va a funcionar con esa persona y qué cosas requiere en el aula y una vez hecha esta explicación identificar a los niños que tienen ese problema dentro de clase. En Madrid hicimos una experiencia con dos alumnos de nuestro centro que en el instituto prepararon una conferencia para su clase, lo que derivó en una mejora muy sensible en las relaciones con los niños de su clase, mejor entendimiento por parte de los compañeros y algo muy interesante, que fue compromiso: los chavales que se presentaron voluntarios para supervisar las agendas a otros compañeros. -Al maestro y a la maestra se les piden que atienda como «superespecialista» a toda la diversidad que le llega al aula. ¿Hay que repensar el magisterio? -Totalmente. No podemos exigir a los maestros que trabajen con una población cada vez más heterogénea y que atiendan a niños con dificultades de lectoescritura, con afectaciones comportamentales, emocionales, diferencias culturales... de forma individualizada. Es inviable. ¿Hay que especializar más al maestro? No, hay que cambiar el sistema, tenemos una educación del siglo XIX: clases magistrales donde se da información oral, con niños sentados en una mesa en sesiones de 45 minutos sin participar y abusando de la memoria. En los países que llevan a cabo otras pedagogías, con Finlandia a la cabeza, el trastorno hiperactivo en aula es mínimo o ninguno porque hay estilos didácticos que en sí mismos atienden la diversidad. La clave es que la carga no sea el curriculum, sino enseñar a aprender y entrenar las capacidades mentales de los chavales de una manera vivencial. En este sistema, el hiperactivo tiene mucho menos problema. 1397124194

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