domingo 25/7/21

EL BERCIANO QUE QUISO CUADRAR EL CÍRCULO

Se hizo famosos en su tiempo, allá por 1846. Cierto «natural y vecino de Cacabelos, en la provincia de León» comunicó al mundo un gran descubrimiento matemático: la cuadratura del círculo. Y así fue cómo Francisco Antonio Méndez Novoa pasó a la historia... por las chanzas que tuvo que soportar
Portadilla del libro ‘Resolución teórica, con aplicación a la práctica, de la cuadratura del círculo’ de Francisco Antonio Méndez Novoa y dedicatoria a la reina Isabel II, a la que pidió que premiara sus desvelos y que interviniera ante los soberanos extranjeros «para que se me condecore y premie por sus gobiernos».

A pesar de que el tema ya ha sido tratado in extenso por la prensa local, entre otras ocasiones allá por 2009 y 2010, me ha parecido interesante recordar aquí, en este quinto centenario de la llegada de la imprenta a León, alguno de los hitos que, por fas o por nefas, hicieron historia en su día, aunque en el caso que hoy me ocupa fuera más por nefas, término consanguíneo de nefasto.

Y es que, aunque todos los libros tienen su historia, algunos hay que más valdría que no la tuvieran.

El caso es que hace ahora 175 años, es decir en los primeros meses de 1846, cierto «natural y vecino de Cacabelos, en la provincia de León» envió un escrito al periódico madrileño ‘El Tiempo’ en el que comentaba que «estaba deseoso de revelar al público un descubrimiento matemático, que mis desvelos me han hecho concebir.»

No decía el vecino de Cacabelos de qué iba el descubrimiento, pero no tardó en saberse: un mes o dos después de aquella confidencia, de la imprenta leonesa de Pedro Miñón salió un libro de 150 páginas, dedicado a la reina Isabel II, titulado ‘Resolución teórica, con aplicación a la práctica, de la cuadratura del círculo’, y firmado por Francisco Antonio Méndez Novoa, cuyas únicas credenciales al parecer, según se leía en portada, eran que, más de treinta años atrás, había sido alumno interno del Colegio Militar de Santiago de Compostela.

Fue de los últimos libros que imprimió Pedro Miñón, que falleció el 13 de noviembre de ese año de 1846. A ocho reales el ejemplar, propaganda no le faltó, porque se anunció, aquel año y el siguiente, en el Boletín Oficial de León, también en el de Palencia, y en el madrileño ‘Boletín bibliográfico español y estrangero’ de 1847.

Novoa no se quedó corto en elogios propios. Escribe en el prólogo que «para dar a luz el luminoso pensamiento que comprende el título de este folleto, he pasado muchos disgustos, he sufrido muchas privaciones, y muchos quebrantamientos de cabeza». Todo lo daba por bien empleado, sin embargo, porque tan convencido estaba de que «de una manera indudable» había resuelto el problema de la cuadratura del círculo y de que sus cálculos eran «exactísimos» que los avalaba con su propia cabeza («desde luego, si necesario fuese, mi cabeza los garantiza».)

Uno se pregunta si Méndez Novoa no padecía de cierta megalomanía. Motivos no faltan para pensar así. Creía, por ejemplo, que su libro no sólo no iba a resultar pernicioso a la humanidad, sino que, todo lo contrario, de él se iban a derivar «inmensos beneficios.»

Tal era su seguridad que acabó solicitando a la reina Isabel II que premiara sus desvelos, y que interviniera ante los soberanos extranjeros «para que se me condecore y premie por sus gobiernos».

Al colofón, ni corto ni perezoso, apela a la aprobación de toda Europa: «Espero de la noble consideración y probidad de la ilustración Europea, se digne darle [a mi libro] la debida acogida, para no marchitar los laureles que merezcan mis tareas en descubrimiento tan importante».

Un descubrimiento que ya había intentado en vano Anaxágoras allá por el siglo V antes de nuestra era, y que había rebotado de siglo en siglo hasta que se demostró irresoluble. De él se hicieron eco incluso Leibnitz y Hobbes. Hasta Dante en la ‘Divina Comedia’ llega a aludir al «geómetra que todo él se entrega a medir el círculo y no encuentra la razón primera que necesita…».

El resultado más inmediato del libro, si alguno hubo, fue el de situar a su autor y a Cacabelos en el centro del cotilleo nacional.

La verdad es que, dado el tema y las pretensiones de la obra, nada extraña que naciera con mal fario. La rechifla nacional comenzó muy pronto. Ya recién publicado el libro, el 31 de julio de ese mismo año 46 el periódico madrileño ‘El Español’ comunicaba a sus lectores, con toda la sorna del mundo, que Méndez Novoa acababa de resolver «satisfactoriamente» el problema de la cuadratura del círculo, «con aplicaciones á la política, y aun creemos que á la tauromaquia y al estrabismo». Un mes después el mismo periódico aludía al autor, en el mismo tono, como «el ínclito matemático de Cacabelos».

Se sucedieron los comentarios jocosos, las alusiones irónicas, las menciones socarronas y los chascarrillos, hasta que comenzó a pasar de mano en mano, mil veces copiado, un breve epigrama, que en 1850 Juan Valera atribuyó a Bretón de los Herreros:

En Cacabelos un chulo

acaba de descubrir

la cuadratura del cír-

culo.

En vano la envidia ladra;

que el buen Novoa, ¡oh ventura!

ha dado al fin con la cuadra-

tura.

Dénle al instante una placa,

que bien la merece, ¡oh cielos!

el habitante de Caca-

belos.

El poema no figura entre las obras completas de Bretón de los Herreros, pero cuenta con más versiones (y variantes) impresas que poemas de más valor literario. Repetidamente citado, en todo, en parte o adaptado, de la popularidad de esos versos a lo largo de casi un siglo son testigos buena parte de los periódicos españoles de la segunda mitad del siglo XIX y hasta de los comienzos del XX, desde los madrileños ‘El Padre Cobos’ en 1855 y ‘El Museo Universal’ en 1858 hasta ‘El Correo de Gerona’ en 1898 y ‘El Cantábrico’ de Santander, en febrero de 1928 (nada invento ni imagino: todos ellos, y muchos más, son hoy consultables a pie de tecla en la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica).

Desconozco la tirada que pudo tener el libro de Méndez Novoa. Las ventas no parece que fueran muchas, porque según testimonio de Clemente Bravo en 1902, más de cincuenta años después de publicada la Resolución teórica, «en el depósito de libros del Sr. Miñón existen aún muchos ejemplares de éste».

Pero si fueron pocos los ejemplares vendidos, en cambio el asunto quedó mucho tiempo como lugar común de citas y comparaciones, tópico obligado en cualquiera que fuese el tema, tuviera o no que ver con la dichosa cuadratura:

«… saliendo de allí con la cabeza más caliente que el chilo [sic] de Cacabelos cuando intentó resolver la cuadratura del círculo» (‘El Porvenir de León’, 23/5/1885) // «… nos ha venido a la memoria aquel de Cacabelos que murió haciendo cálculos para descubrir la cuadratura del círculo» (‘La Paz’, Murcia, 24/1/1888) // «Los de Cacabelos eran enemigos del cálculo desde que habían tenido en casa al sabio aquel de la cuadratura del círculo» (‘La Correspondencia de España’, Madrid, 16/4/1896) // «…pintando monigotes o echando cábalas como Novoa el de Cacabelos sobre la cuadratura del círculo» (‘La Correspondencia Alicantina’, 17/12/1898); etc.

En fin, que como ya escribiera Bravo Guarida hace más de cien años, este es uno de los libros más célebres de cuantos en el siglo XIX se publicaron en León, «y no por su mérito, sino por el ruido que metió en su tiempo».

EL BERCIANO QUE QUISO CUADRAR EL CÍRCULO
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