Lío de timbres en el Hospital de León: el dilema de quién acude
Satse exige aclarar el reparto de avisos de pacientes con las TCAEs para no parar sus tareas clave, mientras las técnicosdicen que «no se puede adivinar si el pitido es para nosotras o als enfermeras»

Las llamadas de los pacientes son atendidas por los sanitarios de cada planta hospitalaria.
Dicen los sabios de la gestión sanitaria que la atención al paciente es un trabajo en equipo. Sin embargo, en los pasillos del Complejo Asistencial Universitario de León (Caule), esa teoría tropieza, a veces, con un artefacto tan pequeño como ruidoso: el timbre de la habitación.
Ese botón rojo que sonríe en el proyecto de humanización hospitalaria se ha convertido en el detonante de una soterrada batalla filosófico-laboral entre enfermeras y Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAEs).
El origen del entuerto se remonta a enero de 2022, cuando el sindicato SAE que representa a las técnicos en cuidados publicó una nota supuestamente tras reunirse con la dirección hospitalaria en la que dejó caer una frase digna del manual de buena voluntad: «La atención de los timbres corresponde al personal sanitario y no es una función exclusiva de las TCAEs». Una premisa tan bonita en el papel como compleja cuando salta la alarma en el turno de noche.
Desde el Sindicato de Enfermería (Satse) lo tienen claro y han acudido a la Gerencia armados con el Estatuto Jurídico.
Argumentan que poner a una enfermera. como ocurre en algunas plantas, a rotar timbres por franjas horarias como si fuera un turno de guardia escolar no solo rompe la jerarquía, sino que tiene sus riesgos.
Remarcan que dejar a medias la preparación de un cóctel de fármacos o la cura de una herida compleja para cruzar el pasillo y descubrir que el paciente solo quería la cuña o saber qué hora es, no solo sobrecarga al personal, sino que roza el deporte de riesgo farmacológico.
Por eso, exigen un documento firmado que deje a cada colectivo en su sitio y evite que la desobediencia al reloj de los timbres acabe en expediente disciplinario.
Por su parte, el grupo de las TCAEs contempla la escena con una mezcla de pragmatismo y resignación, pidiendo que entre en juego el famoso (y a veces extinto) «sentido común». Su argumento es que el timbre no viene con pantalla descriptiva y no se puede adivinar para qué es.
Cuando suena, nadie sabe si el enfermo necesita una valoración clínica urgente o prácticas reservadas a las enfermeras o acomodar la almohada, subir o bajar la cama, de lo que se encargan ellas.
Las técnicas en cuidados auxiliares de enfermería se preguntan si dejar todas las llamadas en sus manos pasa por dejar a un paciente desnudo cuando le están lavando en la ducha cada vez que suena un zumbador en la otra punta del pasillo.
«Si la enfermera está liada con la preparación de la medicación, es lógico que acuda la técnico; si la Tcae está hasta arriba de aseos, lo normal es que vaya la enfermera cuando suena otro timbre», resumen desde plantas modélicas como la 12 del Princesa Sofía, donde han alcanzado una especie de paz armónica sin necesidad de decretos.
El verdadero nudo gordiano, admiten soterradamente unos y otros, no está en quién tiene la culpa o qué profesional tiene que acudir, si no en cuántos son. Con plantas del edificio Princesa Sofía donde una sola TCAE o una sola enfermera tiene que multiplicar sus manos durante la noche, el milagro de atender cada aviso al segundo exige casi superpoderes.

Un paciente acciona el timbre.
De momento, el timbre sigue sonando en el pasillo, a la espera de arbitrar un partido donde ambas partes tienen motivos para protestar, pero muy pocas ganas de seguir jugando a adivinar de quién es la función. Satse ha pedido a la Gerencia que dicte una aclaración porque reitera que «que las TCAEs desarrollan sus funciones como miembro del equipo bajo la dirección de las enfermeras» y las técnicos indican que la organización depende de los supervisores de planta.
Mientras la Gerencia prepara su respuesta oficial —esa que todos esperan que traiga luz—, en el día a día de las plantas la tregua se negocia habitación a habitación. Nadie discute que la seguridad en el reparto de fármacos es sagrada ni que dejar a un paciente a medio asear es inviable, por lo que la verdadera destreza de estos profesionales acaba siendo el encaje de bolillos continuo para que el usuario, ajeno al debate corporativo, reciba la atención que necesita sin notar las costuras del sistema.
Satse pide a la Gerencia un criterio
A raíz de algunas interpretaciones del mensaje de SAE de 2022 sobre que «los timbres (de las habitaciones de los pacientes) no son exclusivos de las TCAE», Satse ha pedido a la Gerencia hospitalaria que aclare el asunto. El Sindicato de Enfermería alude a conflictos organizativos y profesionales «que repercuten sobre la actividad asistencial de las enfermeras» y recuerda que entre sus funciones está «la dirección, evaluación y prestación de los cuidados de enfermería, mientras las TCAE proporcionan cuidados auxiliares al paciente y desarrollan su actividad como miembro del equipo bajo la dirección técnica de la enfermera». Sin embargo, en algunas unidades se han implantado sistemas de reparto de la atención de timbres por franjas horarias entre enfermeras y TCAE, «y las enfermeras se ven obligadas a interrumpir actividades asistenciales propias y no delegables, como la preparación de medicación, curas, valoraciones y otras de su competencia profesional, para atender avisos que deben ser asumidos por otros profesionales en ese momento».