domingo 17.11.2019
REVISTA

Mansilla tira porque le toca

El juego tiene 63 casillas. MARCIANO PÉREZ
El juego tiene 63 casillas. MARCIANO PÉREZ

Hay algo en el Juego de la Oca que lo hace mágico y donde, quizás, reside el secreto de que haya pasado de mano en mano durante tantos años y haya aportado infinitas horas de entretenimiento a tantas generaciones. Fueron muchos los juegos de la antigüedad de distintas culturas que comparaban algunos tableros con el camino de la vida en los que los intervinientes tenían que seguir un recorrido donde las casillas representaban el transcurso de la existencia desde la primera edad a la última. Y esto mismo pasa en este tablero de 63 casillas (nueve edades de siete años según la doctrina hipocrática, o siete apartados de nueve casillas con abundantes significados según otros), donde se simbolizaba la vía recorrida desde el nacimiento hasta la muerte. Quizás sea ésta otra de las claves de su larga trayectoria, que también tiene algo que ver con la suerte, con las artes adivinatorias, educativas y hasta lúdicas.

 

Y es que algunos precedentes del juego de la oca actual, como los juegos del mochuelo o de la lechuza, parecen basarse en juegos de adivinación como el llamado en España e Italia ‘Juego de las suertes’, en el que, con tres dados, se hacían preguntas a una especie de oráculo y unos profetas representados en el tablero daban las respuestas.

 

Lo que parece claro es que en este curioso tablero se congrega mucha historia y numerosas curiosidades. Algunas de ellas se pueden conocer estos días y hasta el próximo 19 de agosto en el Museo Etnográfico Provincial de León, en Mansilla de las Mulas, donde una exposición temporal sobre el juego de la oca muestra medio centenar de modelos históricos. Una selección de tableros europeos procedentes de países como Italia, Francia, Holanda, Inglaterra y España.

OCA1

Uno de los tableros que forman parte de la exposición. MARCIANO PÉREZ

La iniciativa surge gracias a la colaboración entre la Fundación Joaquín Díaz y el museo de Mansilla. La primera ha aportado el 95 por ciento de las piezas que componen la nuestra. Todo un tesoro el de estos fondos de la institución que lleva el nombre del importante etnógrafo que se ha ido fraguando con el tiempo y tras el estudiar el juego de la oca tanto en España como fuera de ella. Para él, este juego pertenece «a ese tipo de diversiones que son una metáfora de la vida en sociedad y de la comunicación a través de relatos: tiene un principio y un fin, están presentes los animales y la naturaleza, son frecuentes los obstáculos (peligro de no poder movernos, suerte o desgracia) y sobre todo representa el viaje laberíntico de la existencia con sus variantes imprevisibles.

 

En sus orígenes, el juego pretendía ser un remedio del propio camino de la vida y sus obstáculos representado en 63 casillas cuyo numero no era arbitrario, Las teorías hipocráticas dividían la existencia del ser humano en el mundo en nueve períodos de siete años cada uno. En ellos se producían hechos como la dentición, la pubertad o la madurez que se plasmaban en el tablero a través de distintas figuras que retrasaban, entorpecían o favorecían el recorrido. La llegada al número final suponía un éxito y una combinación de habilidad y suerte.

 

Todo comenzó en Italia, allá por el siglo XVI y desde entonces se ha ido labrando un camino que ahora se expone en Mansilla. El Museo Etnográfico también ha puesto su granito de arena y, además de encargarse del montaje y la puesta en marcha de la exposición, ha contribuido con algunas piezas propias y otras que le han sido prestadas. Entre ellas destaca el tablero más moderno que forma parte de la muestra. Data de 2017 y es el juego del Bibliobús. En él, estos curiosos animales de cuello largo son sustituidos por los vehículos que recorren los pueblos cargados de libros. También se aprecian elementos del trayecto que recorren los autobuses como algunos monumentos característicos de la provincia.

 

Este juego internacionalmente conocido tiene múltiples variables y he traspasado las fronteras europeas y llegado hasta Japón. En este ejemplar, que también puede verse en Mansilla hasta el próximo 19 de enero, la historia es un poco diferente;: el protagonista es un noble que sale de su palacio y recorre en peregrinación el camino hasta la casa de la deidad. De hecho, el juego de la oca tiene también similitudes con la peregrinación y el Camino de Santiago.

 

En sus distintas variables también hay un tablero que aborda la entrada de Franco a Madrid durante la Guerra Civil española y, en su época era a lo que jugaban los niños en los años de la contienda. Se llama La entrada a Madrid, el juego nacional y da buena cuenta de todo el recorrido que lleva detrás este juego que habla de la vida y de la existencia.

Mansilla tira porque le toca
Comentarios