jueves 26/5/22
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pilar martín

Reír a carcajadas porque sí, porque la risa es el mejor aliado de la literatura, sobre todo cuando ésta está destinada a los pequeños. Eso es lo que hace José Carlos Andrés el escritor, y Chopete, el payaso que lleva dentro este autor que ha convertido en cuento el chiste de «El fantasma de las bragas rotas». Bajo la máxima de que «adaptar» es la clave para transmitir historias ya conocidas, Andrés propone a los más pequeños conocer a Vera la bombera o la abuelita Rita, dos de los personajes que se enfrentarán al temido fantasma de las bragas rotas, un viejo conocido para los padres que ahora vuelve para hacer revolverse de la risa a los niños. «Este libro nace tras ‘Soy un vampiro peligrozo’, que gustó mucho, así que a mi editor y a mi se nos ocurrió hacer otro libro sobre otro monstruo, y apareció la idea del fantasma de las bragas rotas. Podría ser algo muy simpático o muy cutre, así que llevó mucho trabajo llevar un chiste infantil a un libro infantil», cuenta a Efe el autor de esta obra publicada por la editorial Nube Ocho.

En concreto, en este caso lo que Andrés, o Chopete, ha hecho, de la mano del ilustrador Gómez, es volver a darle vida a este chiste en el que todo un pueblo vive aterrorizado por un fantasma que asusta a la población al grito de «soy el fantasma de las bragas rooooootas». Todo el mundo menos la abuelita Rita, que será la encargada de enfrenarse a este temible espectro. «Soy payaso y para mi todo se puede contar si usas el humor bien utilizado, todos mis libros tienen un punto a mi, aunque soy muy grandote, la gente me dice que soy muy tierno y al final les gusto. A los niños los enganchamos si les damos historias divertidas, y no podemos olvidar a los adultos, porque nosotros también nos tenemos que reír para poder luego transmitir estas historias», apunta. Y es que, para el también autor de «Los miedos del Capitán Cacurcias» la narración oral es su principal arma cuando se enfunda la nariz de payaso, ya que cuando actúa lleva a su estilo y su personalidad cada una de las historias, le da su «pulso, sus pausas», lo mismo que padres, madres, abuelos o tíos hacen cuando leen a los pequeños.ismo, Andrés pretende «normalizar» en sus libros que un fantasma puede ser «masculino y femenino».

El miedo se convierte en carcajada
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