miércoles 27/10/21
En San Pedro de Montes

El enigma del monje acuchillado y el de la mujer sepultada en el monasterio

El estudio bioantropológico de las nueve tumbas halladas en el claustro de San Pedro de Montes abre la puerta a nuevas incógnitas
Las nueve tumbas y a la derecha, la tumba cinco en almendra, con el monje de los huesos rotos. DL
Las nueve tumbas y a la derecha, la tumba cinco en almendra, con el monje de los huesos rotos. DL

Ocho hombres fornidos, más altos de lo normal en aquellos años de malnutrición y enfermedades mortales. Uno de ellos, apuñalado por la espalda. Otro, con la pelvis rota y una fractura en la pierna derecha en el momento de su muerte. Y una mujer convertida en un enigma. El Monasterio de San Pedro de Montes y su entorno no siempre fue el lugar de paz y de retiro espiritual que se le supone a una comunidad apartada del mundo en lo que hoy se conoce como la Tebaida Berciana. Hubo un tiempo, a finales del siglo XI, en que el cisma entre los partidarios de la reforma gregoriana y los que querían continuar con el rito más antiguo trajo algunas escenas de violencia a la Iglesia. Y en ese contexto situaba ayer el investigador de la Universidad Autónoma de Madrid Artemio Martínez los resultados del estudio bioantropológico y las analíticas practicadas a dos de las nueve tumbas del periodo Alto Medieval halladas durante las excavaciones impulsadas por la Concejalía de Medio Rural de Ponferrada en el claustro del cenobio en busca de los orígenes de la Tebaida. Lo que hacía una mujer de entre 25 y 40 años en un monasterio es otra incógnita que podría resolverse si los estudios finalmente determinan que en el momento en que fue enterrada, a principios del siglo IX, lo que hoy es el claustro pudo ser un cementerio al margen de la comunidad religiosa.

El concejal de Medio Rural, Iván Alonso, calificó ayer de «impactantes» los últimos avances de la investigación a partir de los análisis del profesor del departamento de Biodiversidad de la Universidad Complutense de Madrid, Luis Ríos Frutos, ausente ayer, durante la comunicación de los hallazgos a la prensa local junto a Martínez en un acto convocado en el Museo de la Radio de Ponferrada. Las «costillas fileteadas» que presentaba el esqueleto hallado en la sepultura número uno, aseguró el codirector de la investigación, demuestran que fue «apuñalado por la espalda». Y los huesos rotos de la sepultura numero cinco, con forma de almendra, hacen sospechar que el cisma que trajo la reforma gregoriana también pudo trasladarse a los monjes de Montes y dejó algún episodio violento en la comunidad. Junto con la presencia de una mujer, entre tumbas de monjes de un arco temporal que va desde los siglos IX al XII el estudio de los hallazgos deja tintes novelescos y añade más de un misterio al monasterio de San Pedro, reconocía ayer Martínez. «No se comprende qué hacía ahí la mujer», de entre 25 y 40 años, reconoció el historiador. La hipótesis que manejan los investigadores es que la sepultura de la mujer, más antigua que la de los hombres, pudiera corresponder a una «necrópolis anterior al monasterio», afirmó Martínez, como fueron lo que el historiador definió como «aldeas espirituales», comunidades religiosas que sí permitían la presencia de familias. En cualquier caso, pone en duda que la invasión musulmana vaciara la zona hasta la refundación del cenobio.

Llama la atención, además, que los ocho hombres con edades comprendidas entre los 30 y los 60 años y las habituales huellas de infecciones y enfermedades mortales en la época como la tuberculosis, fueran más robustos de lo normal en aquellos años con una media de 1,70 metros de altura. Algunos de ellos, además, presentan más desarrollados el brazo y la pierna derecha, lo que induce a pensar que realizaban un trabajo físico intenso y repetitivo. Y en la dentadura de dos de los mojes ha aparecido finalmente una «sustancia pegada en su interior», adelantó Martínez, que deberá analizarse.

La siguiente fase de la investigación contará con la participación de los laboratorios forenses de la Universidad de Estocolmo, que estudiará el genoma para tratar de averiguar la procedencia de unos monjes tan corpulentos. Y el laboratorio Max Plack de Viena también se encargará de analizar por isótopos los restos para estudiar la dieta de los varones.

Excavaciones en agosto

Las excavaciones en el claustro continuarán entre el 8 y el 27 de agosto en dos nuevas cuadrículas y en el lugar donde en 2003 la investigadora María Luz González realizó algunas catas en busca de restos arquitectónicos y dio con varias sepulturas orientadas de Norte a Sur y no hacia Oriente como marcaba la ortodoxia de los enterramientos cristianos de la época. Y ese no deja de ser otro misterio.

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