sábado. 04.02.2023
                      Alberto Barragán Álvarez, en una imagen reciente. DL
Alberto Barragán Álvarez, en una imagen reciente. DL

Ha sido uno de los protagonistas del mercadillo instalado enfrente del Ayuntamiento de Ponferrada. Alberto Barragán Álvarez, con apenas treinta años, vive de un antiguo oficio olvidado por muchos y recordado vagamente por otros.

De sobra es sabido las historias de molineros, molineras y molinos que contaban los abuelos. Siempre era un lugar mágico, de extraños sucesos, leyendas....

Sin embargo, atrás ha quedado la imagen de ese molinero con la boina calada y las pestañas llenas de polvo, atrás quedaron también las botas de cuero, el pantalón de lino, la camisa de cuadros, e incluso se dejaron de usar los clásicos «cuartales» o «tejos», que eran medidas de madera para calcular la cantidad de grano necesaria para el cultivo. Lo que todavía no ha cambiado es el molino que sigue girando y girando hasta convertir en polvo todo lo que encuentra entre sus piedras, en este caso, pimientos para hacer pimentón.

«Ahora es todo mucho más fácil, la sala «roja» que es donde están los molinos tiene un extractor muy potente que impide que haya partículas de pimentón flotando por el aire y una cortina hermética no deja que ese polvo salga de la cámara», dice Alberto Barragán.

El «run run» de las piedras girando en el sentido de las agujas del reloj forma un compás tan mágico como aquellos cuentos de molineros, molineras y molinos. Por la vibrante tolva bajan pausadamente trocitos de pimientos hasta precipitarse con un suave tintineo en una especie de embudo de latón. Por la boca del artilugio, una tímida cascada de polvo rojizo cae a un rudimentario caldero de lata dejando una pequeña montaña en su interior mientras su aroma invade los recuerdos de aquel envuelto en papel de estraza que se compraba en las viejas tiendas.

Debajo, una vieja polea de madera teñida totalmente de polvo de pimiento continúa con un sufrido movimiento mientras Alberto explica entre risas y sonrisas todos los pasos que componen esta impresionante labor. «Es imprescindible conocer la mecánica de las máquinas a utilizar ya que cada molino es diferente y como tal, hay que darle un uso particular. También es muy importante que las piedras estén «picadas» correctamente, la velocidad de la molienda, el estado del cereal, semilla, o fruto a moler, la temperatura ambiente... Aparte de la regulación del molino hay que saber usar el martillo y el cincel para que las piedras tengan la textura adecuada para cada producto. Ahora hay unos molinos eléctricos de piedras de «corindón» que son más rápidos y modernos, pero yo me arreglo mejor con los de toda la vida; estoy convencido de que esos artilugios tan sofisticados restan calidad al producto final». Alberto expone su molino y vende pimentón de Vallelongo, orgulloso de una firma que lleva el Bierzo por bandera.

De oficio, ser molinero
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