domingo. 04.12.2022
La cúpula del teatro Calderón de Madrid pintada por el villafranquino Demetrio Monteserín, en una imagen de esta semana. RAQUEL P. VIECO

Demetrio Monteserín (Villafranca del Bierzo, 1876–León, 1958) es el pintor nacido en esta provincia más cotizado en las subastas de arte. De vez en cuando, sus cuadros se anuncian en los catálogos de las casas más importantes. Sin embargo, su obra sigue siendo desconocida pese a reconocido prestigio, sobre todo por su etapa modernista.

De esa época, los años 10 y 20 del siglo pasado, brilla con luz propia una obra: Los frescos que dejó en el teatro Calderón de Madrid. «Una fantasía del siglo XVIII», como se escribió en la crónica social que se publicó en ABC en 1917 coincidiendo con la inauguración del entonces teatro Odeón, que fue su primer nombre.

Situado en el número 18 de la calle Atocha de la capital de España, cada noche los frescos de Monteserín brillan en lo más alto, justo encima del patio de butacas. Representan un gentío en un improvisado escenario de columnas, con un paisaje idílico que se atisba por encima de sus grandes proporciones.

El Calderón tiene ahora en cartel a La Cubana. «Es un teatro de grandes espectáculos. En los últimos años se ha representado West Side Story, La familia Adams, El mago Pop y ahora La Cubana, con Adiós Arturo», explica Javier Muñiz, director de Programación de Som Produce, una empresa que tiene la concesión de varios teatros en Madrid, entre ellos el Calderón.

El teatro Caldeón fue el primer edificio de hormigón que se construyó en Madrid, y Monteserín también pintó el telón, inspirado en motivos helénicos. Construido en el solar ocupado por el desaparecido convento de los Trinitarios, fue proyectado por el arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga, que se inspiró en la mejor tradición de la arquitectura teatral italiana. Además de la obra del artista berciano, destaca por las vidrieras que dan luz al vestíbulo, obra de Casa Maumejean.

Monteserín, recuerda el cronista de Madrid Antonio Castro, pintó los frescos «cuando todavía tenía frescas sus experiencias en París».

Poco después, en 1920, se instaló en Astorga, donde se casó, relata en una de sus mejores biografías el periodista Ángel María Fidalgo, antes de su destino final, León, donde vivió su madurez como artista. «La muerte —añade Fidalgo— sorprendió a Demetrio Monteserín con 82 años y una dilatada trayectoria artística, que no fue reconocida en su justa dimensión pese a tratarse, como alguien escribió, del único pintor que había alcanzado una cierta notoriedad en los medios artísticos españoles y extranjeros de la época».

Su ciudad natal le distinguió con el título de Hijo Predilecto y Ponferrada con el de Adoptivo. La ciudad de León también rindió homenaje a su obra con una exposición.

El teatro que corona un berciano
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