domingo 28/2/21
CORNADA DE LOBO

A que no

Que no. Querrás engañarte y te engañarán, querrás tener esperanza y te dirán lo que deseas oír: que están en ello. Pero los amos del mundo están obligados a no ver y después mentirte. Lo siento, es que no, los plásticos no desaparecerán, aunque empiecen a reducirlos algo y en algún caso a prohibirlos. A buenas horas.

Algunos creen que podrían suprimirse la mitad. A que no. Y la lucha global antiplástico con la que tan cívicamente te has comprometido te honra, eres buena gente, pero será algo inútil. No pueden suprimirse, es muchíííísima la economía industrial que mueven o envuelven. La alfombra mágica que transporta a la humanidad al progreso y a la calidad de vida es de poliuretano, no de sedón persa. Tardará una eternidad en desaparecer el plástico de nuestra vida; y si no lo sabías, lo intuirás con solo mirar dentro del frigorífico. Así que su fin no lo verán tus hijos, ni los nietos de los que estén naciendo en este instante y pasan abruptamente de la cálida placenta a rodearse de plásticos y sus fibras, paisaje que le será especialmente obsesivo al que tenga que pasar además por una incubadora. «Hoy se nace en estrecha vecindad del plástico o sus fibras; es lo primero que forra los genitales del bebé, así que ya puede darse por jodido», añadió Peláez, «es como si les bautizaran con plástico... ¿puede preguntar alguien cuánto plástico devora al día una maternidad o un hospital?... la sanidad parece el reino de lo desechable». Pero si desaparece el plástico, se colapsa el planeta.

Gianni Vattimo, el último gran filósofo italiano, tan desconocido por aquí, ya viejo y cada vez más lúcido analista del hombre en este tiempo, declaraba hace unos días a El País: «Lo único que espero es morir antes de que reviente todo». Sabe que no vivirá mucho y no quiere engañarse, la cosa está de reventón. Peláez aportó una señal: la asfixia plástica en la que estamos; el crimen que ya no puede ocultarse; océanos de plástico, mierda que aflora como retrete atascado que de golpe vomita y llena el baño con todos los recados que le metimos ahí a escondidas.

A que no
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