domingo 15.09.2019
Claret y Colom ofrecen hoy en el Auditorio «La Integral de las sonatas»

Buscando a Brahms desesperadamente

Arriba Lluis Claret (chelo) y debajo Josep Colom (piano)
Arriba Lluis Claret (chelo) y debajo Josep Colom (piano)
Las dificultades que entrañan la interpretación de las sonatas de Brahms para chelo y piano sólo son comparables con las que representa el poder contar con dos intérpretes de excepción capaces de traducir con fino trazo todo el universo sonoro que encierran estas partituras. El tener hoy en el Auditorio, a las 20.30 horas, a dos solistas de la talla de los catalanes Lluis Claret (chelo) y Josep Colom (piano) es un privilegio y un lujo al que es difícil sustraerse porque ambos músicos son el complemento ideal para que estas obras luzcan todo el poderío espontáneo y expresivo que las caracteriza. El precio de las entradas es de 20 euros (platea) y 15 (anfiteatro). Tan sólo en dos ocasiones compuso Brahms para el chelo con acompañamiento de piano y ambas estuvieron separadas por veinte años de distancia. Mientras que la segunda Sonata, la op.99 tuvo algún problema para imponerse, la primera Sonata emprendida en 1862 (los dos primeros movimientos) y acabada en el invierno de 1862, en Karsruhe, conoció un éxito de público inmediato. Fue dedicada a su amigo violonchelista Josef Gänsbacher, quien no había regateado esfuerzos para que se colocara al compositor a la cabeza de la Singakademie de Viena a finales de 1863. Exploración del chelo La obra, además de un testimonio de agradecimiento fue un homenaje al talento del violochelista y a la vez una forma de explorar las sonoridades de un instrumento que se acomoda como anillo al dedo a la expresión brahmsiana. Pese a que no hay movimiento lento, ya que Brahms retiró el Adagio para introducirlo en la segunda sonata, no falta razón a quien haya llamado a esta sonata pastoral por el carácter bucólico que la anima. Al margen de su perfecta simplicidad de estructuras, cada uno de ellos ofrece la misma frescura, la misma espontaneidad sin énfasis de la inspiración melódica. La segunda sonata es contemporánea de la Sonata para violín y piano op. 100 y del Trío con piano 101, escritos por Brahms durante una estancia a orillas del lago Thun, paraje que le inspiró no sólo estas tres obras camerísticas, sino también tres series de Lieder, el op. 105, 106 y 107 que figuran entre los más bellos que compusiera. Tocada, en primera lectura en casa de los Widman, sus amigos de Berna, la obra fue oficialmente estrenada en Viena, el 24 de noviembre siguiente, por el violonchelista Hausmann, con Brahms al piano. La Sonata en Re mayor op.78, originalmente para violín y piano la escucharemos hoy trascrita para chelo y piano. Como tantas otras obra suyas fue concebida en soledad y, como tantas otras, después de varios intentos. Apareción escrita en 1880 y fue estrenada por el propio Brahms y el violinista Hellmesberger en Viena el 20 de noviembre de 1879. Hans von Büllow y el violinista Norman Neruda la dieron a conocer inmediatamente por toda Europa. Es conocida como la Regen sonate, Sonata de la lluvia ya que en ella se utilizan los dos movimientos extremos, un fragmento del lied titulado Regenlied, una suerte de melodía ensoñadora y melancólica cuyos caracteres dominantes están impregnados de un intenso lirismo y su prodigalidad temática. Para algunos críticos, es una cima de la inspiración brahmsiana y de toda la música romántica. Ambos intérpretes son asiduos visitantes en los festivales leoneses; especialmente, el pianista, que ha ofrecido varias series de clases magistrales en la Asociación Eutherpe, el último de ellos hace cuatro meses. Por su parte, el chelista ha participado en los festivales de música española en dos ocasiones, con gran éxito.

Buscando a Brahms desesperadamente