miércoles 21/10/20
Reportaje | javier varela

Un diccionario con palabras polémicas

Judiada, sudaca, hacker y marica generan críticas en diferentes colectivos.

La Real Academia de la Lengua Española presentó hace dos semanas la última edición de su Diccionario, que, como suele ocurrir siempre que se actualiza, ha levantado polémicas entre algunos sectores, que se sienten ofendidos por la permanencia de algunos términos, definiciones y acepciones. La 23ª edición del Diccionario de la Lengua Española ha visto la luz tras trece años de espera, incluyendo en torno a 5.000 entradas nuevas y 22.000 modificaciones totales, entre las que destacan algunas por su significado llamativo.

Como a sus antecesores, este nuevo Diccionario no se ha librado de las críticas y no sólo por la incorporación de algunos neologismos y vulgarismos que entran a formar parte de las palabras aceptadas por el organismo oficial. «El Diccionario tiene que ser científicamente correcto y, si es posible, políticamente correcto, pero solo si es posible», suele repetir José Manuel Blecua, director de la RAE. Una idea que comparte Pedro Álvarez de Miranda, el director de la nueva edición del Diccionario: «No debe plegarse de manera irreflexiva a los dictados de la corrección política.

Debe estar atento a no herir sensibilidades gratuitamente. La Academia recibe demandas constantes de modificación. Las estudia, y si parece razonable, las introduce. Pero no siempre se da gusto a todo».

Algunos de los términos han sido criticados por ser demasiado vulgares como ‘culamen’, ‘pepero’, ‘ugetista’, ‘beisbolero’ y ‘okupa’, mientras otros lo han sido por estar demasiado actualizados por las nuevas tecnologías, como la inclusión de ‘tuit’, ‘tuitear’, ‘link’, ‘wifi’, ‘tunear’, ‘intranet’ y ‘nube’ -en alusión al espacio de almacenamiento en la Red- o ‘hacker’.

Precisamente la inclusión de este último término como «pirata informático» en el nuevo Diccionario ha levantado ampollas en un colectivo que se siente criminalizado por una definición que no se ajusta a la realidad de su labor profesional. Un caso similar ocurre con la quinta acepción de la palabra ‘gitano’, en la que aparece la palabra ‘trapacero’. Según la propia RAE, un trapacero es una persona ‘que con astucias, falsedades y mentiras procura engañar a alguien en un asunto’ y claro, los gitanos han montado en cólera ante semejante definición. Una situación similar ha provocado alguna de las acepciones de ‘alicantina’ o ‘valenciano’. En el Diccionario, ‘alicantina’ se identifica con «treta» y ‘valenciano’ se define como «variedad del catalán».

Un diccionario con palabras polémicas
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