martes 11/8/20

Un palacio digno de marqueses

Concluye la restauración de las murallas del mejor palacio que tuvo León, en Renedo de Valdetuéjar
Vista general de la muralla que rodea el palacio de los marqueses de Prado en Renedo de Valdetuéjar. SABINO LÓPEZ
Vista general de la muralla que rodea el palacio de los marqueses de Prado en Renedo de Valdetuéjar. SABINO LÓPEZ

Las murallas del palacio más grandioso que tuvo León han recrecido. La restauración de la fortificación que rodeaba la suntuosa propiedad de los marqueses de Prado, en Renedo de Valdetúejar, ha permitido reconstruir los cuatro cubos, que estaban cercenados. La Diputación ha sufragado la mayor parte de los 196.160 euros que ha costado salvar la cerca que hasta los años 60 rodeaba el palacio. La residencia de los nobles inmortalizados por Lope de Vega en su comedia Los prados de León fue desmontada piedra a piedra y reutilizada como fachada del hospital Nuestra Señora de Regla por el arquitecto Juan Torbado.

El proyecto de rehabilitación de la muralla, que ha recuperado un aspecto uniforme, es más ambicioso. Contempla la creación de un ‘parque arqueológico’, para recuperar lo que queda del palacio original: restos semienterrados y una ‘escombrera’ de piedras. El estado de alarma derivado del coronavirus dejó empantanada varias semanas la rehabilitación, que ya se ha completado. El delicado estado del muro perimetral hizo que en 2008 Hispania Nostra lo incluyera en su Lista Roja.

Entre los años 1588 y 1627 trabajaron en él los arquitectos Baltasar Gutiérrez y Juan de Rivero. El palacio ya estaba casi derruido en fosos, muros y torres cuando Antonio de Prado lo reedificó en 1625.

Uno de los cubos de la muralla. SABINO LÓPEZ

Además del desmantelamiento de este monumento para su ‘reconversión en hospital, el edificio fue presa de un intenso expolio. Desaparecieron sillares, jambas, dinteles, cornisas, dovelas de arcos, blasones... Más de sesenta escudos decoraban la fachada. Algunos de estos elementos fueron recolocados en otras construcciones de la zona. Hoy resulta inaceptable que el monumento no se conservara ‘in situ’.

Lope de Vega retrató en uno de sus libros favoritos la historia de Nuño de Prado, patriarca de una poderosa saga que dominó con mano de hierro en la Edad Media extensos territorios de la Montaña Oriental leonesa y descendientes del rey Fruela.

La amante de Godoy

También, al parecer, la amante de Godoy, Pepita Tudó, la supuesta modelo de los dos cuadros de Goya de la Maja (desnuda y vestida) habría encontrado refugio en el palacio de Renedo de Valdetuéjar, donde se habría ocultado tras la invasión de España por las tropas napoleónicas. La Guerra de la Independencia marca, precisamente, el declive de esta propiedad y del palacio barroco más ostentoso de cuantos tuvo León. Las tropas francesas hacen acopio de toda la plata que atesoraba la capilla del palacio para gastos de guerra. Las tablas del retablo del Cristo fueron llevadas a Madrid. Algunas de las tallas se preservan en la iglesia de San Adrián de Renedo.

El palacio antes de ser desmontado y con los guardianes a la entrada. ARCHIVO

En 1905 el marqués de Prado, Ernesto de Heredia y Acuña, vende el palacio al industrial leonés Agustín Alfageme. En 1964 el obispo Luis Almarcha lo adquiere, ya maltrecho, por la suma de 800.000 pesetas. Almarcha intentó encajar la fachada de la casona de los marqueses en el proyecto del nuevo santuario de La Virgen del Camino, pero el arquitecto Francisco Coello de Portugal se opuso tajantemente.

La segunda opción de Almarcha fue utilizar el palacio de Renedo de Valdetuéjar para ‘decorar’ el nuevo Conservatorio de Música que se iba a construir en el solar del antiguo Hospicio. Finalmente, el obispo y Juan Torbado la colocan en la Regla, derribando un tramo de la muralla.

El investigador Ramón Gutiérrez Álvarez en su libro Los marqueses de Prado aborda cómo fue ‘descuartizado’ el palacio, así como el destino de los miembros de la familia.

Hace cinco años el investigador y escritor leonés Gregorio Fernández Castañón localizaba en Palencia los dos guerreros perdidos que custodiaban el acceso al palacio de los marqueses de Prado. Los centinelas acabaron en manos del industrial palentino Eugenio Fontaneda —que forjó un imperio con las galletas—, y los colocó a la entrada del castillo de Ampudia, que contiene su legado.

Los centinelas de Valdetuéjar están ahora en el castillo palentino de Ampudia. DL

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