sábado 21/5/22

Picasso y su musa, a subasta

Valorado en 55 millones de euros, ‘Mujer desnuda acostada’, homenaje a Marie Thérèse Walter fue propiedad de los herederos del artista durante décadas
                      Dos empleados de Sotheby’s cuelgan la obra ‘Mujer desnuda acostada’, de Picasso. SOTHEBY´S
Dos empleados de Sotheby’s cuelgan la obra ‘Mujer desnuda acostada’, de Picasso. SOTHEBY´S

Mujer desnuda acostada (Femme nue couchée), una espectacular tela de Pablo Ruiz Picasso valorada en más de 55 millones de euros, sale a subasta por primera vez. Es un «arrebatador» homenaje del genio malagueño a su musa Marie-Thérèse Walter, según sus subastadores. Pintado hace 90 años, se pondrá a la venta EL 17 de mayo, en la sala de Sotheby’s de Nueva York. Será en la gran venta de arte moderno de la temporada en la que se ofertarán otras obras destacadas como Le Grand Canal et Santa Maria della Salute de Claude Monet y o Nile, de Philip Guston, la obra maestra del expresionismo abstracto.

Mujer desnuda acostada es una pieza «revolucionaria y extraordinariamente sensual», según los expertos de Sotheby’s. «Fue propiedad de los herederos de Picasso durante décadas antes de ser comprado directamente a la familia», explica en un comunicado Helena Newmanen, directora del Departamento de Arte Moderno e Impresionista de la veterana firma . Picasso la pintó en París en 1932, un «año milagroso» para el artista con una producción tan extraordinaria que la Tate Modern le dedicó en 2018 la exposición París 1932. «Hubo muchos años notables en la larga carrera de Picasso, pero 1932 destaca por ser particularmente trascendental», precisa Julian Dawe, director del Departamento de Arte Moderno de Sotheby’s, que recuerda como aquel año produjo algunas de sus icónicas imágenes de Marie Thérèse.

Picasso conoció a Marie-Thérèse en París en 1927 cuando ella tenía diecisiete años. Durante años mantuvo una relación secreta con ella mientras seguía casado con la bailarina Olga Khokhlova. En la pintura ahora sale a subasta «la presenta con una potente mezcla de sensualidad e ingenuidad juvenil, que anticipa un punto de inflexión creativo para Picasso, dado que ya no estaba dispuesto a ocultar su pasión y su aventura», añade Dawes.

La pieza se desmarca además del resto de los retratos picassianos, «tanto por su composición, radicalmente diferente del resto de sus obras, como de la tradición histórica del desnudo femenino reclinado», según Dawes.

Para Picasso, Marie-Thérèse ofrecía una amalgama sensual de amante, modelo y diosa, y desempeñaría muchos papeles a lo largo de su obra. En esta pintura, Marie-Thérèse se asemeja a una criatura marina. La joven era una buena nadadora y su gracia atlética fascinaba al pintor español.

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