jueves. 02.02.2023
El piloto sudafricano en una de las primeras etapas de la prueba
Elmer Symons se convirtió ayer martes en la 50ª víctima mortal del Dakar. El piloto sudafricano, de 29 años, se accidentó con su motocicleta en el kilómetro 142 de la cuarta etapa, disputada entre las localidades marroquíes de Er Rachidia y Ouarzazate. Los médicos, que tardaron nueve minutos en llegar, no pudieron hacer nada por su vida. Elmer moría en el mismo día que hacía un año encontraba la muerte el australiano Caldecott. Solamente pudo disputar cuatro etapas antes de encontrar la muerte tras una caída, sin que el nuevo sistema de protección para los pilotos en el cuello pudiera hacer nada por salvar su vida. Los hermanos sudafricanos Elmer y Kingsley Symons afrontaban la prueba por primera vez juntos. El primero de ellos pilotaba la moto 107 y el segundo hacía de mecánico y asistencia. En Estados Unidos, donde residían ambos, trabajaban en un negocio de importación de piezas mecánicas de su país. Habían logrado el presupuesto y Elmer ya tenía la experiencia de haber hecho dos dakares como asistencia del equipo KTM oficial, con el fin de prepararse mejor. Elmer estaba situado en la 18ª posición, y había logrado ganar la primera etapa en la categoría maratón, la de las motos menos preparadas. De joven seguía las etapas del Dakar por televisión en Sudáfrica y se había marcado como objetivo correr algún día esa carrera. Después del accidente, la radio obligatoria en los coches de asistencia, que emite todas las incidencias del rally, resonaba en el vehículo de asistencia de Kingsley dando las informaciones peores que se podían esperar. Su hermano estaba en el suelo, inconsciente, y la llegada del helicóptero médico, nueve minutos después del accidente, nada pudo hacer por salvar la vida del piloto sudafricano. Estaba en el kilómetro 142 de la especial y había recorrido 96 de enlace de noche entre el polvo, antes de llegar a la salida de la especial. La carrera sigue adelante El Dakar es conocido por su dureza, pero ésta no solo está en el recorrido, sino en las circunstancias que se viven en la prueba. No mira hacia atrás, cada día se recorren casi mil kilómetros, y el que se queda atrás lo tiene complicado para seguir. Los muertos que se quedan por el camino son repatriados, pero nada para la prueba.

El Dakar se cobra otra vida
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