viernes. 03.02.2023
El presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi.

La Eurozona sigue abonada al más difícil todavía, predestinada a vivir en el alambre. Porque si no tenía suficiente con la grave crisis identitaria que sufre desde el estallido de Lehman Brothers (división política, fractura Norte-Sur, rechazo social…), Grecia se ha encargado de recordar que el problema, su mal endémico, nunca ha dejado de existir por muchos parches que se han querido colocar edulcorados con mensajes que proclaman el adiós a la crisis.

Atenas ha vuelto a hacer tambalear los cimientos de la ortodoxia económica comunitaria, noqueada asimismo por los fantasmas de la deflación. Eurostat confirmó este miércoles los peores augurios: el desconcertante desplome del petróleo llevó la tasa interanual de inflación de diciembre al -0,2%. Sí, en rojo; algo que no se veía desde septiembre de 2009, en pleno tsunami de la peor crisis que aún pervive.

Pese a todo, en Bruselas sigue imperando cierta calma. «Una inflación temporalmente negativa es algo obviamente distinto de la deflación, que requiere de una caída general del nivel de precios que se autoperpetúe», matizó la portavoz de Asuntos Económicos, Annika Breidhardt.

En este sentido, apostilló que creen que «el débil crecimiento y los bajos precios de las materias primas continuarán enfriando la inflación a corto plazo, pero a medida que la actividad se fortalezca y los salarios crezcan, la inflación volverá a aumentar». Una salida de manual que no refleja el temor que se manifiesta en privado. Lo cierto es que la Eurozona está inmersa en una espiral de relevantes quebraderos de cabeza regida por la Ley de Murphy. Sí algo puede salir mal… Se logró impulsar la unión bancaria, que las potencias ‘rescatadas’ dieran signos de cierta vitalidad (España, como gran sorpresa), que Mario Draghi diera un volantazo a la política económica del BCE, que Jean-Claude Juncker trajera a la Comisión Europea un nuevo aire político con un plan de inversión de 315.000 millones.

Grecia y los fantasmas de la deflación llevan a la Eurozona a un callejón sin salida
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