lunes. 08.08.2022

Los augurios de un invierno con cortes en el suministro de gas en Europa han provocado que las miradas de los gobiernos europeos se hayan posado en África como un continente estratégico para tratar de salvar las consecuencias derivadas de la invasión rusa de Ucrania. Este miércoles, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, visitó Senegal y Mauritania para preparar con los Ejecutivos de ambos países los «desafíos comunes en la región como la lucha contra el tráfico de personas, el terrorismo y el cambio climático».

Una visita que se produce después de que España convenciera a los aliados de la Otan de apoyar su propuesta de no centrar toda la visión estratégica en el Este de Europa para no desguarnecer el flanco sur, amenazado principalmente por el terrorismo yihadista que se extiende por el Sahel.

Sin embargo, Albares está aún está lejos de dar por superada la crisis diplomática con Argelia, el principal productor gasístico del Norte de África, tras el giro histórico de Pedro Sánchez respecto a la autonomía del Sáhara Occidental. Un hecho que enfureció al Gobierno de Argel e inició el deshielo con Marruecos.

Bloqueo comercial

Paralelamente, Italia está aprovechando el bloqueo comercial que desde Argelia se ha impuesto a las exportaciones españolas y el primer ministro Mario Draghi, en medio de otra crisis interna dentro de su propio Ejecutivo, logró este miércoles ampliar el suministro de gas proveniente del país norteafricano para mitigar la dependencia rusa.

Draghi firmó una compra de 4.000 millones de dólares para garantizar un aprovisionamiento que supera en un 114% sus previsiones.

Mientras crece la influencia italiana, mengua la española. Argelia dejó en marzo de ser el principal proveedor de gas de España, que ahora se nutre de Estados Unidos como primera vía de suministro, y Madrid ha sido sustituido por Roma como principal socio energético europeo de la nación magrebí.

Albares viaja a Mauritania en pleno idilio italiano con Argelia
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