domingo. 14.08.2022
Pablo Iglesias junto a Echenique. J. J. GUILLÉN

ander azpiroz | madrid

«Toca hacer autocrítica. Nuestras disputas internas las hemos gestionado de manera deficiente, por no decir vergonzosa, y en algunos momentos hemos parecido un partido más que luchaba por sillones». Pablo Iglesias se dirigió ayer por primera vez tras las elecciones generales a su Consejo Ciudadano, el máximo órgano de Podemos entre asambleas. Pese a comenzar con la asunción de errores propios, el secretario general describió un vaso más que medio lleno tras el 28-A. Reconoció el indiscutible retroceso de su coalición, que se dejó por el camino 25 diputados, pero negó que se haya producido «la debacle esperada». Y no lo ha sido porque, «gracias al trabajo colectivo», Unidas Podemos ha protagonizado su «mejor» campaña electoral, la primera, además, que no está diseñada por su exnúmero dos Iñigo Errejón. Para levantar aún más la moral en sus filas ante las municipales, autonómicas y europeas, Iglesias dio por cumplido el objetivo que su candidatura se marcó al inicio de la campaña, que era lograr la suficiente fuerza parlamentaria para participar en el próximo Gobierno. Misión cumplida, vino a decir.

El líder de Podemos realizó ante la cúpula de su partido una encendida defensa de la coalición gubernamental que ya propuso en la misma noche electoral a Pedro Sánchez, y que volverá a poner sobre la mesa en la reunión que ambos mantendrán mañana en la Moncloa. Lo hizo en el mismo día en que la federación andaluza, controlada por la anticapitalista Teresa Rodríguez, mostró su rechazo a un acuerdo global con el PSOE y apostó por ofrecer tan solo un apoyo externo, similar al que las fuerzas más a la izquierda del Parlamento portugués dan al primer ministro socialista Antonio Costa. Iglesias evitó entrar en debates internos y recalcó que, en todo caso, serán los inscritos de Podemos los que tengan la última palabra sobre el papel que desempeñarán sus diputados la próxima legislatura.

Poderes financieros

El candidato de Unidas Podemos desgranó los motivos por los que su coalición debe desempeñar responsabilidades en el próximo Ejecutivo. El primero de su lista responde al apoyo que ya han mostrado en público la CEOE, el Banco de Santander o medios financieros internacionales a un acuerdo entre PSOE y Ciudadanos. «Es posible cambiar las cosas desde el Gobierno y por eso los poderosos no quieren que lleguemos a él», justificó ante los suyos. No vale la fórmula de un gabinete del PSOE en solitario por el que suspiran en la sede de Ferraz.

Iglesias advirtió de que, sin nadie que les controle, los socialistas pactarán con la derecha en materia de pensiones, de los límites a los precios abusivos al alquiler o de poner coto al oligopolio de las grandes eléctricas, mientras que Sánchez solo buscaría a Unidas Podemos para sacar adelante medidas sociales simbólicas. Tiró de pragmatismo para dar una segunda justificación de su postura. Recordó que la derecha suma 149 escaños frente a los 123 del PSOE, que pasarían a 165 si Sánchez sumase los 42 de su coalición. Más que suficiente para gobernar cuatro años con el apoyo externo de fuerzas independentistas y nacionalistas.

Iglesias ofrece a Sánchez una coalición «claramente» liderada por el PSOE
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