lunes 18/1/21

Los partidos contrarios a la secesión no sacan rédito electoral a la gestión del Govern

En el secesionismo lo tienen claro. Si en las elecciones catalanas del 14-F se votara estrictamente en clave de premiar o castigar la gestión del Govern, habría un vuelco en las mayorías y un cambio de gobierno. Sin embargo, la encuesta del CIS de la semana pasada puso de relieve otra realidad y recordó que a los catalanes les preocupa más la cuestión de la independencia que la pandemia. Por lo que JxCat y ERC, a pesar de sus guerras y de la gestión en ocasiones caótica de la crisis sanitaria, tienen casi segura una nueva mayoría absoluta, pues no se prevé un trasvase de escaños entre bloques.

El sector que es contrario al referéndum y a la independencia concurrirá a las elecciones cada uno por su cuenta, como ha ocurrido siempre hasta la fecha en Cataluña, y sin demasiadas esperanzas de poder dar la sorpresa, como hizo Ciudadanos en 2017, convirtiéndose en la primera fuerza en votos y escaños del Parlamento catalán.

Fuentes del PSC creen que habrá abstención en la parte secesionista como consecuencia de las guerras en el Govern, pero también admiten que esa abstención quedará «repartida» entre independentistas y no independentistas «por el cansancio» que produce el ‘procés’. En principio, la abstención general favorece a las fuerzas soberanistas.

El PSC se dispone a tomar el relevo de Ciudadanos como primera fuerza entre los grupos contrarios a la independencia. Las encuestas sitúan a los socialistas catalanes en la lucha por la segunda posición con JxCat, ambos por detrás de Esquerra. Se presentan, además, como la alternativa al secesionismo. «O más de lo mismo o cambio», plantean sus ideólogos de campaña. En sus filas creen que el entendimiento entre el Gobierno central y Esquerra avala la estrategia de Miquel Iceta por el «reencuentro» entre catalanes.

Los partidos contrarios a la secesión no sacan rédito electoral a la gestión del Govern