jueves 19/5/22

Robles respalda a la jefa del CNI y Podemos ahonda la crisis al pedir el cese de la ministra

Evita aportar datos del caso Pegasus y exculpa al servicio de inteligencia de los «errores» que dieron pie al espionaje
                      Margarita Robles pasa bajo las cámaras de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. JJ GUILLÉN
Margarita Robles pasa bajo las cámaras de la Comisión de Defensa del Congreso de los Diputados. JJ GUILLÉN

Pese a que el Gobierno se encargó de engordar las expectativas, la primera de las dos citas marcadas en rojo en la agenda semanal del Congreso no sirvió para arrojar luz sobre las operaciones de espionaje que amenazan la legislatura. A la espera del turno de la directora del CNI el jueves, la comparecencia de Margarita Robles no aportó ayer novedades del ‘caso Pegasus’, aunque sí dejó dos conclusiones. La primera, que la ministra de Defensa respalda al servicio de inteligencia, incluida a su máxima responsable, y le exculpa de los «errores» —que no «fisuras»— y la segunda, que Robles cuenta con más crédito entre la oposición que entre sus socios. Podemos se suma ya al coro de voces que piden su dimisión: «Sabe lo que tiene que hacer, por su dignidad y por la del Gobierno».

Acorralar a la ministra

Durante tres horas los grupos intentaron extraer algún dato nuevo sobre las investigaciones del espionaje a dirigentes independentistas, por un lado, y a miembros del Ejecutivo, por el otro. Pero sus intentos fueron en balde. Hasta el presidente de la comisión de Defensa, José María Bermúdez de Castro (PP), trató de delimitar el debate al orden del día, que se refería exclusivamente a la aprobación de la Brújula Estratégica de la UE. Sin embargo, los portavoces hicieron caso omiso y emplearon sus turnos para acorralar a la ministra por el escándalo de las intervenciones telefónicas.

La compareciente se mantuvo fiel a su estrategia defensiva, apelando a la ley para no revelar informaciones clasificadas: «A mí me gustaría poder decirles todo, pero a estas alturas de mi vida no quiero cometer un delito». Pero, también fiel a su estilo dialéctico, no rehuyó el cuerpo a cuerpo con los diputados. «Ya me conocen, yo no me corto. Cuando tengo que decir algo, lo digo», se jactó ante el aluvión de interpelaciones. De hecho, incluso antes de que los grupos dieran rienda suelta a su interrogatorio, ya dejó patente su «orgullo» por el trabajo del CNI, organismo dependiente de su cartera.

Reiteró Robles que los 3.000 funcionarios del servicio de inteligencia trabajan «por la paz, la libertad y la seguridad», y que lo hacen «siempre —quiso enfatizar— dentro de la legalidad». Y si bien en un principio generalizó sobre todo el centro, después realizó elocuentes referencias a su directora, señalada por el independentismo y probable chivo expiatorio de la crisis.

Mientras otros componentes del Gobierno evitan asegurar su continuidad en el cargo, Robles echó a Paz Esteban un importante cable en la víspera de su intervención este jueves a puerta cerrada ante la comisión de secretos oficiales. «Está aguantando estoicamente imputaciones que no se corresponden con la realidad, y lo que es realidad es lo que está amparado por la ley», afirmó.

Las diferencias de criterio de Robles con otros ministros afectan también a uno de los principales interrogantes del caso. ¿Quién es el responsable de la brecha de seguridad que permitió infectar los teléfonos de Pedro Sánchez y de la propia titular de Defensa? Preguntada por los periodistas, alimentó la tesis de que la protección corresponde a la Secretaría General de la Presidencia del Gobierno, que en el momento del espionaje ostentaba el hoy ministro Félix Bolaños.

«La ventaja de una democracia es que todo está en la ley, no hay más que echar un minuto y leerlas», deslizó. En cambio, la portavoz, Isabel Rodríguez, sostuvo que de ese órgano sólo dependerían cuestiones logísticas, mientras la ciberseguridad sería competencia del CNI.

Apoyo de la oposición

Pero, más allá de los aspectos técnicos del caso, si de algo sirvió la sesión en el Congreso fue para contabilizar apoyos y censuras a la ministra de Defensa. Y, en contra de toda lógica política, los primeros están en la bancada de la oposición —PP, Vox y Ciudadanos le ampararon— y los segundos son los socios del propio Gobierno, incluso dentro del mismo. En la declaración más nítida hasta la fecha, y después de insistir en la depuración de «responsabilidades políticas al máximo nivel», Pablo Echenique acabó pidiéndole implícitamente su dimisión. Por «su dignidad» personal y por la del resto del Ejecutivo, le espetó el portavoz en el Congreso de Unidas Podemos, que sin ser miembro de la comisión acudió a la cita, signo de su trascendencia.

Robles replicó reclamando a Podemos la «responsabilidad» que entraña su participación en el Consejo de Ministros. Le recordó que Ione Belarra e Irene Montero también reciben los informes del CNI y le recomendó que, en caso de tener dudas sobre el servicio de inteligencia, proponga «cambios», algo que por ahora no ha hecho. Evitó responder a la petición encubierta de su dimisión, que certifica cómo esta crisis ha desatado nivel de tensión.

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