viernes 28/1/22

Mucha era la expectación creada ante la nueva declaración del excomisario José Villarejo ante el juez tras los testimonios de Dolores de Cospedal y su marido, y, como otras veces, defraudó. Hizo un relato llamativo, lanzó acusaciones gruesas pero no aportó prueba alguna, como él mismo reconoció.

Parpusa (gorra madrileña) blanca en vez de la negra y sin parche en el ojo, Villarejo acudió ayer a la citación del juez Manuel García-Castellón dispuesto a alimentar una leyenda que se desmorona día a día por falta de sustento material para sus revelaciones. Afirmó, según su versión, que durante «varios meses» intercambió mensaje telefónicos con Mariano Rajoy sobre los avatares de la operación de espionaje al extesorero del PP Luis Bárcenas. Despachaba con él sin intermediarios porque el expresidente del Gobierno es «muy desconfiado» y prefería obviar la vía del entonces ministro del Interior Jorge Fernández Díaz, y su secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez.

Rajoy también estaba interesado en recibir información de primera mano, prosiguió Villarejo, porque consideraba que la vigilancia a Bárcenas y su familia era «un problema de Estado» y, como tal, tenía «interés personal» en saber todos los detalles de la operación.

Una trama de espionaje organizada, según las investigaciones, desde el Ministerio del Interior y que comenzó en 2013 para hacer con la información comprometedora para el PP que pudiera tener el extesorero. Relató que se comunicaba con Rajoy a través de dos teléfonos que le dieron, aunque dijo no recordar si se los proporcionó Cospedal, como ministra de Defensa, o el CNI. Villarejo no entregó al juez ninguno de los móviles porque, afirmó, se los requisaron cuando fue detenido por la Policía en noviembre de 2017, pero apuntó que si le dejaban acceder a ellos podía desencriptar los mensajes intercambiados.

EN MÁS OCASIONES

No es la primera vez que el excomisario apunta a la Jefatura del Gobierno como la mano que estaba detrás de la trama. Ya lo hizo en una declaración anterior ante el juez, en la comisión de investigación del Congreso y en el escrito que remitió al mismo García-Castellón el pasado martes, el mismo día que pasó por el despacho del instructor la exsecretaria general del PP. Pero nunca ha aportado pruebas del intercambio de mensajes.

El coche oficial Cospedal, continuó el excomisario, estaba al tanto de la relación directa que mantenía con Rajoy, y también la entonces vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, como responsable última del CNI, y con la que también estaba en contacto a través de mensajes telefónicos y de un intermediario, que no identificó.

Villarejo explicó que su relación con Cospedal obedecía más a su cargo en el Gobierno que al de secretaria general del PP, aunque admitió que se reunió con ella en la sede del partido en la calle Génova. Confirmó la versión de exjefe de gabinete de Cospedal de que entraba en el edificio por el garaje con el coche oficial de la ministra de Defensa, que le recogía enfrente y daban la vuelta a la manzana. No detalló en cuantas ocasiones estuvo con la exnúmero dos del PP en su despacho. Cospedal habló de «tres o cuatro» y su jefe de gabinete de «ocho o diez». Son «pequeños detalles», apostilló el excomisario.

Lo que sí afirmó es que ni la exsecretaria general ni su marido, Ignacio López del Hierro, nunca le hicieron un encargo para el partido ni le pagaron. Una versión que casa con la declaración de Cospedal: «No sé nada, los pagos no se han hecho». Aunque en las grabaciones que han trascendido se escucha a Villarejo solicitar que le paguen «los gastos» por sus servicios.

Villarejo sostiene que Rajoy sabía que espiaba a Bárcenas
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