jueves 26/5/22

Los titulares decían que se avecinaba otra votación de infarto para el Gobierno. Las crónicas hablaban de una jornada en la que se evidenciaría lo precario de sus apoyos. Y, sin embargo, cuando el jueves el ministro de Presidencia, Félix Bolaños —el hombre sobre el que Pedro Sánchez ha hecho recaer la responsabilidad de engrasar la mayoría de investidura—, subió a la tribuna de oradores para defender el plan anticrisis, no encontró una bancada socialista enmudecida por la tensión sino muchos escaños vacíos, también los del Ejecutivo, sólo ocupados por vicepresidenta primera, Nadia Calviño.

«Llevamos ya tantos días críticos, tantas votaciones históricas a nuestras espaldas —resume un diputado del PSOE— que ya ni siquiera lo vivimos con angustia. Pero hay un evidente agotamiento psicológico».

Los socialistas se han acostumbrado a vivir permanentemente en el alambre. Sabían que sería así cuando optaron por formar una coalición de Gobierno con un partido, Podemos, que decía haber llegado a la política para impugnar el régimen de 1978 y por ir de la mano de una formación, Esquerra, que tiene como principal objetivo político proclamar, aunque ahora se lo plantee como una meta a treinta años vista, la independencia de Cataluña. Sin embargo, superar el ecuador de la legislatura en un contexto arduo —una pandemia y ahora las sacudidas en la economía de la guerra en Ucrania— les ha impregnado de un cierto sentimiento de invencibilidad.

En Moncloa cuentan con que en el horizonte más próximo no hay votaciones relevante. Ni se contemplan dimisiones ni la comisión de investigación que reclaman incluso el PNV o Más País. Sánchez, que ha optado por matenerse de forma palmaria al margen de esta crisis, mantiene la idea, según aseguran en su entorno, de alargar la legislatura al máximo. «El ‘diálogo’ —recuerdan como quien advierte de que juega con un comodín— es también la apuesta política de ERC».

Votación a votación: un presidente en el alambre
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