jueves. 30.06.2022

La reinvención política de Trump choca con sus líos judiciales y el veto en redes

La reconquista del poder que obsesiona al expresidente deberá sortear el acoso de la Fiscalía
Donald Trump se aburre de jugar al golf desde que dejó de ser presidente de EE UU. JIM LO SCOLA

A medida que los desafíos legales se le acumulan, Donald Trump parece descender cada vez más en la irrelevancia pública, algo que el expresidente ha tratado de evitar toda su vida. Su futuro es más judicial que político y, aunque tiene una extensa experiencia en problemas legales, esta situación es muy diferente, más complicada que las que ha sorteado con anterioridad, porque los fiscales de Nueva York tienen un as bajo la manga: el director financiero de la Organización Trump, Allen Weisselberg, a quien presionan para que colabore y testifique contra su jefe.

La posibilidad cada vez más cercana de que Weisselberg, que conoce donde están enterrados todos los ‘cadáveres’, pueda colaborar a cambio de un trato más favorable hacia él y su hijo Barry, ambos investigados por evasión fiscal, estrecha el cerco legal al expresidente. Como responsable de autorizar todos y cada uno de los movimientos financieros del conglomerado Trump, el asesor se enfrenta también, como coautor, a cargos de fraude fiscal, bancario y de seguros, además de otros propios de evasión de impuestos por recibir compensaciones en forma de beneficios.

Para colmo, Allen Weisselberg, ojos y oídos de Trump en la empresa, ha sido vinculado hace unos días a otra investigación más, esta vez por parte la Fiscalía de Washington D.C., que por ahora le implica en el desvío de 107 millones de donaciones del Comité Inaugural a la familia Trump. Esta organización sin ánimo de lucro recibió aportaciones exentas de impuestos en concepto de pago por suits de lujo y entradas para la fiesta inaugural del presidente en el hotel Trump de la capital federal en 2016.

Con esta nueva citación judicial, la presión aumenta sobre el jefe de finanzas de Trump, convertido ya en la pieza central del entramado legal contra el multimillonario. Una investigación más real que nunca porque cuenta con números y detalles concretos en lugar de argumentos subjetivos o circunstancias ficticias. Y es precisamente esa claridad la que tiene a la gente de la órbita de Trump nerviosa y, según personas cercanas al equipo, «un poco asustada».

Preparar una estrategia de defensa para litigar múltiples investigaciones con abundantes cargos penales y civiles, atendiendo a distintas leyes en estados y distritos, requiere enormes recursos y un inmenso capital de ingenio legal. Aun así, Donald Trump parece más obsesionado en recuperar la atención de las audiencias en internet y dominar la opinión pública como siempre se ha jactado de hacer. La reinvención mediática para capitalizar el inmenso seguimiento del otoño que, a pesar de perder las elecciones, le granjeó un récord de votos y una audiencia nacional que logró movilizar al asalto del Capitolio el 6 de enero, simplemente no se ha producido. Facebook y Twitter le bloquearon el 8 de enero. El expresidente está prohibido y ha sido ignorado en casi todas las redes sociales importantes.

La reinvención política de Trump choca con sus líos judiciales y el veto en redes
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