viernes 27/5/22
La ciudad avanza a dos velocidades

Un callejón sin salida para los barrios de León

Los vecinos de la periferia lidian a diario con aceras demasiado estrechas, pasos que no cumplen la normativa y calles sin salida
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La periferia de León entró hace años en un callejón sin salida. Sus aceras, llenas de cicatrices, reflejan el olvido que denuncian los vecinos de barrios emblemáticos como San Mamés, Armunia, El Crucero o Puente Castro. Algunas son tan estrechas que parecen una broma de mal gusto. Es imposible atravesarlas con una carrito de bebé o con una silla de ruedas. Sobretodo si en mitad del firme hay una farola anclada al suelo, como ocurre a la altura del número 7 de la calle Calvo Sotelo, en Armunia.

«Aquí, para pasar, tenemos que bajar a la carretera a la fuerza», denuncia Jesús Arias Álvarez, de la asociación de vecinos de esta pedanía, una de las más deprimidas de la ciudad. Le han pedido al Ayuntamiento una solución porque «es al atajo al Parque Tecnológico y tiene muchísimo tráfico», justifica. Tampoco se pude pasear sin sobresaltos por Millán Astray, Vista Alegre y Padre Manjón. Ni por la plaza de la Iglesia, donde es evidente el contraste entre el entorno del templo, que se arregló con fondos europeos, y sus adyacentes, invadidas de nuevo por postes de la luz que «encima son farolas de autopista».

No es un problema nuevo. Ni exclusivo de Armunia. «Lo peor es que da igual el color de la corporación municipal que esté. Es desesperanzador», lamenta Jesús Arias, que tampoco entiende por qué, «en aras de la seguridad», cambiaron «una plaza habitable con bancos y árboles por una horrible e inhóspita rotonda».

Una sensación parecida transmiten vecinos de San Mamés. Llevan años reivindicando a los responsables públicos que actúen en el margen derecho de la calle Padre Risco. La acera apenas tiene medio metro y choca contra el muro de una casa abandonada. «Está hecha un asco, es un foco de insalubridad importante y nadie nos hace caso. Hemos pedido que la tiren y ensanchen la acera porque no se puede usar. Es imposible. Apenas cabe una persona», critica Roberto Casado, que vive justo enfrente del número 17, un inmueble en ruinas que amenaza con desplomarse en cualquier momento.

A escasos 500 metros hay otra calle que molesta en el vecindario. Padre Getino no tiene salida y puede convertirse en una ratonera para los vehículos, aunque está perfectamente señalizada. El problema es que muere en una finca privada que también está abandona y que se usa, principalmente, como un vertedero. Lleva así años.

Lo saben bien en la Concejalía de Participación Ciudadana que dirige Nicanor Pastrana. A través de las reuniones periódicas con los barrios y de las consultas populares ha elaborado una radiografía de cuáles son los principales problemas que sufren los vecinos de los distintos distritos en los que se divide el callejero, pero el presupuesto no da para todos y la tarea es ingente después de décadas de abandono.

Sin solución

En Puente Castro, por ejemplo, siguen en pie las farolas que inutilizan la acera izquierda de Cirujano Rodríguez. «Es tan estrecha que es imposible que una persona mayor pase por aquí. La única solución es invadir la carretera, con el peligro que conlleva», apunta Ana Fernández desde un bar cercano. También llama la atención la enorme glorieta que hay al final del campo del fútbol, que costó un dineral y que lleva más de cinco años sin una gota de agua. Además tiene un diámetro considerable a pesar de que prácticamente no absorbe tráfico.

Pasa lo mismo en El Crucero aunque la presión vecinal consiguió que el Ayuntamiento declarara en ruinas el edificio de la calle Laureano Díez Canseco, okupado en repetidas ocasiones y en un estado lamentable. Era una deuda histórica con este populoso barrio. Lo declararon en ruinas, pero tras iniciar el expediente la propiedad presentó un proyecto para rehabilitarlo.

En cambio, la acera que conecta con San Andrés del Rabanedo por Párroco Pablo Díez continúa como una de las más estrechas del municipio, a pesar de las reiteradas movilizaciones que han protagonizado sus vecinos para que Adif o la autoridad competente la ensanche. Es un punto negro dentro del Camino de Santiago, como lo son todos esos callejones sin salida que en ocasiones provocan un tapón importante en el tráfico. Sucede en la avenida Reino de León, entre el Ejido y Santa Ana. Uno de los carriles desaparece por completo al cruzarse con una hilera de chalés y el laberíntico trazado continúa por detrás de estos adosados, en la calle Juan Álvarez Posadillo, que confronta contra el interior de esa curva. En la Puentecilla también hay un tramo de acera que se interrumpe abruptamente al toparse con otra casa. Otro diseño sin mucho sentido se puede ver en la avenida de los Peregrinos, después de la residencia de mayores. La calle y la acera terminan contra el muro de una urbanización. Hay que dar la vuelta. Tampoco cumplen la normativa europea los pasos de peatones de San Mamés, en los que apenas resiste la pintura. Sus vecinos, en cambio, pagan «el mismo IBI que en Ordoño o la calle Ancha».

Un callejón sin salida para los barrios de León